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'Casablanca sin Bogart', soon in your bookstore

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Vengo aquí, a esta plaza virtual, a declarar que de este año no pasa, que quien tenga curiosidad podrá leer mi primera novela publicada de la mano de la Editorial Titanium . Reconozco que 2020 es un año para estarse quieto , para no moverse ni un ápice, pero resulta que me toca publicar. ¡Cualquiera lo díría viendo cómo se las está gastando el presente año! Una buena noticia (para mí) en pleno caos pandémico. El caso es que en breve saltaré a los ruedos literarios con 'Casablanca sin Bogart' que, por fin, amanecerá en papel para unirse a la meritoria colección de esta editorial de Torrelavega cuyos títulos me estoy animando a leer en las últimos meses. El sello que ha confiado en el gracejo de mis personajes y la fuerza de mi argumento es pequeñita, pero matona y viene –como se suele decir– pisando fuerte. Aviso que se avecinan unos meses 'curvosos' para que en otoño esté lista para buscar su sitio en los escaparates de las librerías. La escribí hace más d

Los últimos minutos de la belleza

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    Todavía le quedaban unos años, quizás meses o tal vez unas pocas semanas. Lo ignoraba. Pero intuía que la lozanía estaba a punto de expirar y estaba obligada a mantener su belleza atrincherada bajo la mascarilla. Ella quería salir al campo descubierto, no le importaba caer abatida por la metralla vírica, ni las miradas recelosas de su letal respiración ... Llevaba muy mal aquello del confinamiento tras las FPP2 de sus últimos años de juventud. Había un joven que antes de que todo aquello empezase, le había endilgado un par de miradas curiosonas y ella las había digerido con sorpresa y perplejidad. Sí, porque ella ya tenía más que cumplidos los 40 y aquel mozo acababa de irrumpir en los 20 con el desparpajo de los chicos guapos. Así que le costaba reconocerse como la destinataria de aquel flirteo de miradas. Pero ahí estaban, los vistazos rápidos y esos repasos más que evidentes que el chavalín le tributaba cada vez que accedía a la sala de musculación del gimnasio.  Sin embargo

'El desencanto' de Scott Fitzgerald que nos cuenta el bueno de Budd Shulberg

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  Intento escribir esto mientras sufro los constantes abordajes de mi hija de tres años reclamándome que le extraiga pegatinas de la dulce Peppa Pig de su cuaderno. Así que va a ser un tanto difícil dejar en un digno estado esta crítica hacia ' El desencantado' de Budd Shulberg . Pero armada de paciencia me pongo a ello sin dejar que el desánimo bombardee estas buenas intenciones. Estos dos tipos, Budd y Scott, anduvieron juntos elaborando un guión de cine para Hollywood cuando el gran Fitzgerald vivía sus horas más baja s y Shulberg era un entusiasta recién llegado al gremio. El famoso escritor ya no alternaba en París con Hemingway, Zelda, Gertrude Stein y toda esa gran trupe de expartriados estadounidenses que se merendaron toda una década, la de los felices años 20 yendo de fiesta en fiesta y sin pisar el suelo de los días anodinos... Ese era su 'rama en rama' cuales ardillas que habitaron esta Hispania a punto de ser deforestada para construir los galeones de n

'Arrójame a los lobos', de Ester León: cuando los tesoros se leen

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Hoy toca quitarse el sombrero, el cuero cabelludo o lo que se tenga ante la joven escritora que ha debutado con una primera novela que me ha tenido embelesada durante un fin de semana de ensimismamiento lector.  Me encanta extasiarme ante una prosa de esas que se pueden tildar de deslumbrantes, con unos personajes que te crees de cabo a rabo... y, por supuesto, un argumento que crece y crece como una onda expansiva hasta reventar las costuras de todo lo que creías que iba a pasar. Así es 'Arrójame a los lobos', de Ester León , una escritora muy joven que tiene la suerte de tener adosado a su nombre una de las más bellas ciudades de España. ¿Qué más se le puede pedir? Pues que sepa hilar con estilo, cultivar un sembrado de metáforas alucinantes y sofisticados giros argumentales en una novela que, sinceramente, me ha dejado patidifusa. Lo mejor es que Ester es muy joven, nació en 1996, y esta primera novela que 'arroja' al mundo, y a los lobos, es todo un desparpajo de

Mary Karr, una iluminada de la palabra

Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida de Ana Durá (@lynnsinhill) Yo recomiendo a todos aquellos escritores y aspirantes a ello a que cuando su prosa languidezca se tomen un rápido reconstituyente como los que fabrica Mary Karr . Se puede tomar cualquiera de las tres novelas de esta autora que pululan por las librerías pues el trío ( El club de los mentirosos, Iluminada o La Flor ) ha demostrado con creces que puede arrasar con cualquier amago mustio que comience a asomar por nuestras letras.  Pero who is Mary Karr? Pues la Karr, como la llaman con mucha campechanía sus editores en España (Periférica y Errata) es una mujer de armas tomar, texana y sexuagenaria que no dudó en batirse en duelo con sus adicciones . En concreto, el alcohol que parecieron inocularle en vena tanto su madre como su padre. Y es capaz de batirse y, por supuesto, salir airosa del trance a pesar de los pesares (que acudieron en tropel a lo largo de su juventud hast

La cartilla de Mafalda

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  Hoy homenajeo al gran Quino con una entrada que publiqué en su día y que rescato:   Vuelve a pasar y a repasar la calle con sus pasos. Después entra en el cajero. Le da la papilla a la máquina , bien masticada, abierta por la página correcta, y deseando saber si por fin ha cobrado.   – No hay anotaciones pendientes –enuncia ella en su reluciente barriga electrónica. De modo que sigue a cero, hueca, si tamborilea los dedos sobre ella puede oír su repicar de objeto vacío. Es el momento de la fe, de creer en la humanidad, de olvidar que existen aprovechados que no pagan el trabajo desempeñado. Ella decide creer, mete la cartilla en el bolso y callejea hasta las mismísimas puertas de la delegación de Dios en su ciudad: la iglesia. Se introduce sinuosa, reptante como la serpiente de Eva con afán de confesión y arrepentimiento. –No quiero seguir pecando –balbucean sus labios contritos. Una vez dentro, puede elegir. Los bancos son aparcamientos para los traseros católicos má

Sí, mi marido se viste de mujer, ¿qué le vamos a hacer?

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    Este blog es un auténtico vademecum de los problemas mundanos . Así, aquí entran muchos en su afán por mantenerse joven , otras tantas que quieren saber el motivo por el que su marido se viste de mujer de arriba abajo, y quienes acceden a este antro para averiguar –por fin– qué es eso de la preparación vital que les hará salir por la puerta grande de este mundo. Pero me temo que este es solo un blog algo añoso que poco o nada sabe de estas cuestiones. Por lo tanto, pido disculpas a todas esas personas que entraron a esta web buscando respuestas y se toparon con esta tomadura de pelo. Lo cierto es que llevo años asistiendo a este confesionario y husmeando entre las diatribas de la gente gracias a los chivatos de Google y su analíticas de Gran Hermano. Lo siento mucho, pero no tenéis intimidad. Buscadla, si acaso, en los bosques de Concord (a lo Walden), pero aquí ese Unicornio no es posible. Sí, porque de repente, me di de bruces con matrimonios donde los maridos se visten de

Lego mi ajuar de mascarillas

El teléfono había sufrido un percance. Se había dado de bruces con el suelo y se había despanzurrado. La batería se había ido por los cerros de Úbeda , parecía deseosa de tomarse unas vacaciones. Pero tras hurgar debajo del sofá, ya estaba de nuevo en su prisión acostumbrada y el móvil se encendió de nuevo. El calendario se había quedado alterado y ya no marcaba el año 2020, sino marzo de 2015 . No pude evitar regocijarme ante tal paraíso. Sentí nostalgia y suspiré como si estuviera observando una preciosa postal: ¡un año sin pandemia, sin mascarillas, sin fallecidos por COVID-19 y una completa normalidad en el mundo! Tuve añoranza por aquellos tiempos mozos, en los que el mundo estaba sano y su ciudadanía no se ocultaba el rostro como tuaregs del desierto. Suspiré. La visión de tanta lozanía planetaria duró poco, pues enseguida la mascarilla estuvo tapiando mi cara al mundo. Los ojos se sentían importantes. Nadie los eclipsaba y ellos –por fin– se habían ganado todo el protagonis