LANDING IN NEW YORK


El avión tardó diez horas en dejarme en la terminal de llegadas. Nieve era lo que se veía tras los cristales y a las máquinas, enzarzadas en la tarea de despejar la pista, que andaban tripuladas por el personal del aeropuerto de Newark (Nueva York).
“Bajar, bajar, bajar” –obsesionaba a mi mente- “aire libre, puro, no aire enclaustrado y mil veces respirado y espirado”. Relajarme, relajarme, -los consejos vagaban por mi mente intentando inyectar tranquilidad.

“Y ahora cuando baje, ¿qué? El aeropuerto está cerrado por la tormenta de nieve” y yo viajo sola, histéricamente sola. ¿Dónde dormiré? ¿Dónde meteré esta noche mis huesos? ¿Donde estiraré mi anatomía para alcanzar el merecido sueño? Aeropuerto cerrado, vuelos cancelados... y en las postreras horas qué será de mí y de esa tremenda maleta que esclaviza mis músculos y que acuclilla mi cuerpo".

Relax woman, relax, hay un superhéroe dentro de ti”, me decía como una terapeuta de la vida.

Un par de hombres latinos trabajaban a destajo tratando de despejar la zona de nieve. Yo esperaba la lanzadera que me llevaría al hotel y les observaba atendiendo a cada una de sus palabras.

Uno de ellos era joven, el otro curtido ya en América.
-¿Cuánto tiempo llevas acá tú?
-Van a hacer ya doce años –replicaba el otro acomodándose en su pala.
Yo sonreía, escuchar esa conversación compensaba mi vuelo loco.

Y cuando llegué al hotel me maravillé con su cama, con su baño y su agua cayendo, y el sueño que descendía ya aterrizando en mis ojos.

Comentarios

lodudado ha dicho que…
No hay nada tan relajante como viajar

Entradas populares de este blog

Dostoievski despanzurrado

LA COMBINACIÓN PERFECTA

EL CUENTO DEL PERSONAJE, ÚLTIMA PARTE