Albarracín desde un mundo vertical


Desde que regresé de EEUU no he tocado roca y mis músculos cuelgan como cortinas. Me he dedicado a codiciar los salientes de la montaña desde mi cómodo enraizamiento con la gravedad, con esa horizontalidad que se puede caminar sin tener que acudir a las presas de mis manos o la adherencia de mis "gatos".

Pronto, muy pronto, tendré a Albarracín entre mis falanges.

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