VERANO AZUL EN MADRID


Cuando trabajaba en la Agencia Efe, en esa redacción enorme, cuadrada, que giraba alrededor de un mundo noticioso, mi jefe en la sección de Justicia e Interior a modo de despedida, me envió al mes siguiente, a mi casa alicantina, la novela "Noticia bomba", de Evelyn Waugh. Me lo envolvió con una tarjeta cuajada de saludos, las mejores intenciones y conminándome a que lo leyera puesto que, según decía, tras su lectura ya sabría todo lo que tenía que conocer acerca del periodismo. En ello estoy. Leo, releo y me encandila la misión del periodista. Ese bichejo que se adentra en las trincheras de lo absurdo: los sucesos, los políticos con sus bla, bla, bla infatigables, los sucesos y las guerras en micropaíses o en macrocivilizaciones.

Pero además, resulta que:

Os echo de menos amigos masterizados del máster de EFE, que durante un año confluimos en Madrid para encontrarnos, conocernos y avistar nuestras maravillosas caras pobladas de sueños. A las colombianas, a la mexicana, a la que anda tras las trincheras de Israel contratada por el enchufe que siempre proporciona un familiar bien apoltronado en las altas esferas, a la barcelonesa que ahora anda arrimada a un madrileño paseando por pleno Sol, a las brasileñas, a los madrileños con laísmo o sin él...

Sin duda, nos echamos de menos casi tanto como los amigos de chancla y bañador de verano azul.

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