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Mostrando entradas de enero, 2007

EL CUENTO DEL PERSONAJE, ÚLTIMA PARTE

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Esta vez la escalera tenía concurrencia, atletas urbanos que subían y bajaban ,sin mostrar cansancio, los quince pisos de la institución. Me los imaginé desperdigándose por la ciudad con los voraces cuentakilómetros de sus piernas.

Pero al poco me vi caminando de nuevo solo, atravesando un pasillo inmenso que de repente se resquebrajó en otros tres. En fin, -razoné- ni derechas ni izquierdas, nada de extremismos y siempre el camino del sabio: el del centro. Seguí por ese pasillo, sin ventanas, opaco, como el nicho de un gusano tremendo. Llegué a su final y desemboqué rodeado por los mismos pasillos de antes.

Y allí estaban, de nuevo, una mesa y un sujeto. Me acerqué glorioso, sabiendo que había tocado el techo jerárquico y que ese hombre encarnaba la voluntad suprema. Esos cuarenta años, quizás esa flor de madurez, esa tez donde se fruncía el ceño de un hombre meditabundo: ése era sin duda el rostro de mi salvador.

-Realmente grave si Don Camilo le ha dejado pasar –pronunció mi desconoci…

EL CUENTO DEL PERSONAJE, SEGUNDA PARTE

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Una chiquilla, con miras de mujer, parapetada en su mesa de secretaria me dirigió un “Buenos días caballero” y yo presto le relaté cómo un prepotente autor había cercenado mi futuro de personaje novelesco.

-Entonces...¿usted? –dijo dubitativa cuando terminé mi discurso- usted quiere que otro autor se ocupe de su historia –anunció finalmente victoriosa pensando que había dado en el quid de la cuestión.
-Señorita míreme, observe a este ejemplar literario, a esta faz compleja y a estos atuendos sin par. ¿Cree usted seriamente que cuatro páginas pueden condensar todo el genio de mi persona? Eso es raquítico, tercermundista y ultrajante para alguien que es literatura en estado puro. ¿Se imagina usted a Don Quijote teniendo que desarrollar su locura caballeresca en tan sólo cuatro páginas? No, ¿verdad? Pues no permita que frustren a un personaje como yo reduciéndole a unas efímeras páginas.

La niñita me miró asombrada, cabizbaja y turbada ante la idea de un Quijote deambulando como un preso en…

EL CUENTO DEL PERSONAJE, PRIMERA PARTE

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Yo tenía la suficiente complejidad y riqueza para demandar ser personaje novelesco. Exigía mis trescientas páginas mínimas: un razonable soporte de papel para desenvolver la elocuencia de mis palabras y mi magnética personalidad.

Nada de personaje de cuento acotado por todas partes, mutilado en mi verborrea y despojado de carácter. La justicia erraba dando visos de cuento a mi historia y era injusto confinarme a un maltrecho fajo de páginas para definirme y hacer rodar mi existencia.

Cuando ese engreído autor me dijo que no, cabreó mis vísceras de noble personaje, encendió la llama de la venganza y me vi obligado a descender de su cuentecillo privándole de la esencia que yo suponía. ¡Qué se había creído! Yo no era suyo, yo pululaba en el aire, nadaba en el viento y bullía entre las cabezas esperando la sustracción del mundo de las ideas para nacer al gran público de mis lectores. Eso es, ¡la concepción! Así que peregriné hasta las instancias adecuadas para demandar lo que en justicia m…

EL KIT DEL PERIODISTA

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-A éste, a este mismo -se dijo- Tiene todas las pintas de un hombre de acción, enterado y nutrido de la experiencia que da la vida. Esa barriga no se alimenta de comida sino de aventuras.

El periodisto le paró, arrinconó al vecino con su micrófono, insertándoselo en la panza como una vil espada, hacia la pared, hacia la contundencia de la no escapatoria, y empezó a desmadejar el ovillo de su cháchara:

-Bien, ¿Usted, quién es? En qué basa su día, a qué se dedica para seguir con vida sol tras sol? Su mujer está de acuerdo con su profesión? Dígame, no se calle, manifiéstese...

El vecino, un hombre de pueblo encorvado bajo una boina nostálgica, apoyado sobre un basto garrote seguramente confeccionado por él, se rascó tres veces el ángulo de la barbilla. Estaba callado, seguramente sorbiendo con perplejidad tanta mamarrachada vertida sobre sus oídos.

-Ah, un hombre callado -interiorizó el periodisto- uno de esos seres con las entrañas recubiertas de misterio y azares inconfesables.

-Pues yo... …

EN LO ALTO DEL EVEREST

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Camina, unos pasos anchos y presurosos. Después eleva la vista, como si estuviera en la cima del Everest y abajo el mundo:

-He encontrado un trabajo. Ahora dominaré la esfera laboral, contrataré y descontrataré a placer, emprenderé viajes, haré como que hablo idiomas de tribus recónditas en peligro de extinción por la destrucción de su hábitat. Pondré exotismo hasta en la manera de mirar...

El hombrecillo se atusó el pelo de pintas mortecinas, se enclavó mejor la corbata pues parecía que vibraba con cada paso, se aferró al maletín como si fuera su personalidad la que viajara dentro, y se adentró en la estación de trenes dispuesto a ver transcurrir los minutos en la magnífica esfera de su reloj.

Un paso tras otro, y el maletín brillando bajo el sol de abril.

La estación era modesta, de pueblo, unos bancos, pocas introducciones de los logros de los hombres. Sólo andén, unos bancos, una casita y la lontananza de la vía extendiéndose a babor y a estribor.

-Con paciencia todo llega -se dijo- Só…

HOMENAJE A ORWELL

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Ya publiqué esto en su día, pero hoy me apetecía recuperarlo:

Cuando Winston Smith trabajaba de funcionario, aterrado por el Gran Hermano, en el Ministerio de Propaganda del Gobierno, conoció a una chica que le gustaba: apetitosa, atrevida, joven e inaccesible para su jeta de hombre inseguro.

Era tan consciente de sus desventajas físicas que interpretó mal el interés que empezó a despertar en ella. Pensó que era una espía, una doble agente camuflada en los estratos laborales que vislumbraba en él a un libre pensador, un practicante de la pluma y un lector de libros prohibidos que de vez en cuando se retiraba del ángulo de interceptación de la telepantalla de su habitación (cosa que frecuentemente hacía, sólo así se mantenía vivo: pensando)

De modo que cuando el escueto vestido de ella se le arrimó, cuando su escote atesorando artefactos de la sexualidad quedó tan evidente ante él, se quedó lívido, aterrado, como si un fantasma o un cadáver con las cuencas de los ojos agusanadas hubiera…

LA MIRADA DE LA CULTURA

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-Oh, perdone, gracias. No, no por favor, usted primero, muy amable, siempre amables, maravilloso miércoles ¿verdad? Disculpe si le rozo, ya sabe usted, el trasero que es incontrolable y yo que me voy agrandando.

La estudiante de Sudán recorría los espacios de ropa, y más ropa. Los armarios de miles de personas vestidas a la última volcados por el perchero de la magna tienda.

Después a clase y cotilleos de maleducadasmexicanas entrometiéndose en su vida.

-Oh, vaya estás embarazada, ¿Qué edad tienes? -dijeron las urracas cuarentañeras deseando toparse con algún desarreglo cultural escandaloso.

-Veinticinco

-Y ya estás casada... vaya... ¿Y tu marido, es de tu misma edad?

-No, él tiene cuarenta y dos -las dos empezaron a comer encantadas tanta diferencia cultural y como pequeñas Indiana Jones de los marujeos empezaron a aventurarse por la vida de la sudanesa.

-¿Y dónde os conocisteis? ¿Aquí (EEUU) o en tu país?

-Bueno, él vino y nos casamos en mi pueblo -la chica no se atrevía a gritarle a aquell…

LA EDAD DE LA POESÍA

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La fiesta bajo el puente se nutría de todo un poco.

-Soy colombiano, profesor de inglés, casado, cuarenta años y con retoños, pero permite a mis dedos zigzaguear por tu barriga, ésa que delatas...

Sus falanges se arrimaron, no había permiso para aquello, de forma que un paso o dos atrás.

-Soy poeta, ¿Te he mostrado ya mis versos? Se me hace tarde para vivir de la poesía, leélos pues hablo de cocoteros, y de playas de mi tierra. Ah, se me olvidaba, ¿te he enseñado las fotos de mis hijos? -y empezó a sacar fotos de su cartera, como un camarero que sirve cervezas y al rato un grupo de seis o de siete observaba a las crías del colombiano. Niños morenos bajo el sol de la Colombia jugando con un padre que exhibía unas pintas ejemplares, nada infiel, nada metedor de manos a extranjeras de 24.

-Si vieras lo bien que lo pasamos juntos, aquí estamos haciendo teatro, el mayor promete convertirse en un fiera de la pantomima- explicó con el orgullo de la sangre, y luego acometió una caricia en la cara…

LA COMBINACIÓN PERFECTA

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El político entró en la sala. La mirada seria, un repaso a la concurrencia, como un militar inspeccionando a sus ejércitos. Miró su sillón, y fue a sentarse.

Pronto quedó como un ángel con la aureola del tapiz rojo del respaldo sobresaliendo tras su figura. Quedaba bien con la sala, sobre todo con el sillón, combinaba con el cargo, su boca hacía juego con el micrófono nuevo y orondo situado ante él para engrandecer cada una de sus palabras, para que ningún oído se quedara sin percibir su clamor sabio.

Sentado allí tuvo un par de minutos para examinar a su público.

Primero al de la derecha. Uno nuevo. ¿Quién será?-se preguntó- Vendrá a quejarse. Le echaré si osa. Tiene pinta de sorprendido, seguro que es un votante. Le sonreiré ante la duda.

El político sonrió, como un cachivache de sonrisas automáticas en estado de pruebas, la contrahecha sonrisa asustó al asistente, que miró hacia atrás empeñado y esperanzado en que aquello tuviera otro receptor.

Después, el político se fijó en otra pers…

ELLA Y ÉL

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Miranda se observó en el espejo:

Su perfil ceñido prometía desbancar a las competidoras, quizás fuera un engaño porque aquello estaba tan hueco como un tambor, pero, a primera vista, colaban sus promontorios y a más de uno le evocaría una SofíaLoren taconeando por un pueblecito italiano...

Mario se observó en el espejo:

Su espalda parecía cuadrada, un inmenso parque de músculos agitándose con el vaivén de sus movimientos, nada de escuálida figura, hombros de risa y fuerza de hombre en entredicho.
Estaba satisfecho, sonrió.

Después, Miranda cerró la puerta de su casa, y salió moviendo las caderas, eran las campanas del pueblo anunciando las horas. Derecha a izquierda, izquierda, delante y detrás, sin orden ni concierto, un desbarajuste mareante, !qué condenada hora marcaba ese culo!

Mario enfiló el camino correcto, erguido, recto, un bastión de hombría con aquellos músculos apelmazados.

Se cruzaron, Mario miró a Miranda, y Miranda a Mario.

-Qué hombre más ridículo

-Qué mujer más ridícula

-Que …

MANTENERSE JOVEN

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Al hombre le habían rastrillado la cara, como si fueran a plantar girasoles en los surcos, que romperían la piel con el lozano sol de julio.

Después, los andares se tambaleaban al mínimo roce de un vecino apresurado del supermercado que se le adelantara para coger los yogures, y llevaba el pelo teñidísimo o empelucadísimo que ocultaba su sesera octogenaria a los pájaros cagadores de las alturas.

Y la camisa hawaiana, su cuerpo de hombre de gran envergadura agarrando el carro de la compra con unos dedos vestidos con un raído y descolorido abrigo de piel humana.

-¿Para llevar a casa? -soltó la cajera de pintas afroamericanas.

El hombre asomó una sonrisa destartalada.

-No. ¿Acaso cree que yo no puedo ocuparme de cargar la compra de mi casa? Soy más joven de lo que parezco, lo que pasa es que en mi juventud tomé mucho el sol, y por eso estoy más envejecido y parece que tenga ochenta cuando en realidad tengo sesenta.

La cajera le miró calibrando cada una de sus palabras .Si por ella hubiera sido…

LA OBSESIÓN DEL PERSONAJE

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El personaje era sincero cuando hablaba y vendía a los autores su historia:

-A ver..., caballeros. Siéntense, pónganse cómodos, no quiero ver al auditorio dando tumbos en las huesudas sillas que a veces parece que tengan astillas en vez de cojines. Quiero ver sonrisas de placer entreabriéndose como ventanas abismales en esas bocas geniales...

El personaje notó la impaciencia de los autores; como un líquido corrosivo esparciéndose por sus posaderas.

-Venga, pesado -soltó uno de ellos que se levantó para acomodar mejor su trasero y su rajita al inquieto pantalón que se malmetía por esas zonas- Tenemos todavía que hacer un par de rondas más como ésta, y tú te estás comiendo nuestro tiempo. Yo tengo que visitar a una moza que dice poseer una historia mucho más trágica que La de la Dama de las Camelias.

-Bien, bien. No se apure, pues mi historia es dinero sumado con obra maestra reina en calidad como podrá usted comprobar en breve si se calla y atiende.

El personaje volvió a repasar las caras, …

Dostoievski despanzurrado

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-Soy bella, bella! Un hombre me ha mirado, he notado la lujuria en sus ojos, goteando, abriendo surcos entre la multitud sólo para verme a mí.

Ella cerró el libro y lo lanzó. Dostoievski y sus Memorias del subsuelo se despanzurraron por el mármol, captando al momento la grosería del acto y la vileza de un suelo de baño sin fregar. Si hubiera podido parpadear, lo habría hecho, y si hubiera podido caminar se hubiera pirado a alojarse entre los estantes de la Biblioteca Pública donde al menos hay paz y salidas esporádicas al exterior.

-Ah, era mayor -dijo sin desilusión-unos ochenta años, pero pertenece a la raza de los hombres y todavía será capaz de montar mujeres y engendrar hijos. Y su mirada... ah!, era de ésas capaces de excitarte, y volverte un riachuelo de aguas...

-Calla -le gritó una voz sonrojada y candorosa- !Cómo puedes soltar tantas vulgaridades y recoge el libro del suelo! Te recuerdo que Dostoievski era también un hombre capaz de engendrar hijos.

-Tú no lo entiendes, yo he am…

DIEZ AÑOS DESPUÉS

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-La vida a veces renquea, se pone a cojear como un mal bicho que huye despavorido... La gente se va, coge aviones y empieza a fluctuar por los aires de la mano de Continental Airlines. Después, una se queda contemplando ese cielo, la autopista está azul y sin nubes, un par de aviones se siguen...

-Mi sobrinito americano se fue. Le encanta ,a sus cuatro meses, bailotear las canciones nostálgicas de los Rodriguez: Diez años después y que los años empiezan a pesar, dice la canción.

La próxima vez que le vuelva a ver, su cuerpo se habrá agrandado, creciendo sin parar, quizás ya ande y sus pasos sean muy firmes y muy seguros.

Yo me quedo aquí, incapaz de oír a Los Rodríguez cantando esa mágica canción porque enseguida le veo a él, agitando manos y pies, cerrando los puños, concentrado en el vaivén, y sin entender todavía el concepto de los años, y de los diez, y de los después y que pesan.

Yo ya capto el concepto, la idea y pienso en cómo invertirlos. Si esto es la Bolsa de Nueva York, de Par…

EL BANCO FRENTE A LA THOMAS COOPER LIBRARY II

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Los diez bancos frente a la Thomas y su estanque estaban al completo, un lleno total de estudiantes de la Universidad de Carolina del Sur con sus chanclas, sus bermudas y sus gorras encasquetadas.

Nada más primoroso que ver los frisbis surcando los aires.

Empecé a trotar vigilante, la hora del lunch agotaba sus últimos mordiscos y yo aterrizaría en breve y con paciencia en alguno de esos bancos.

El soldado Lucas sobrepasó el banquito en el que yo leía a Baroja, ahí estaba su nombre impoluto y radiante en la pechera de su uniforme de salvador del mundo. Mochila al hombro y visera acomodada en su sien ,recién escapado del Fort Jackson , andaba con pasos híbridos: una marcha militar y estudiantil.

Le observé de la misma forma en la que se puede contemplar un animal exótico fuera de su hábitat.

Sonreí, agasajada por el esplendor de su visión y lo imaginé destacado en Irak, pilotando un cachivache de hierro, inventando guerras y conflictos para convertirlos en la pasarela de su modelito, y deja…

LA CARTILLA DE MAFALDA

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Vuelve a pasar y a repasar la calle con sus pasos.

Después entra en el cajero, le da la papilla a la máquina, bien masticada, abierta por la página correcta, y deseando saber si por fin ha cobrado.

-No hay anotaciones pendientes -enuncia ella en su reluciente barriga electrónica.

De modo que, sigue a cero, hueca, si tamborilea los dedos sobre ella puede oír su repicar de objeto vacío. Es el momento de la fe, de creer en la humanidad, de olvidar que existen aprovechados que no pagan el trabajo desempeñado.

Ella decide creer, mete la cartilla en el bolso y callejea hasta las mismísimas puertas de la delegación de Dios en su ciudad: la Iglesia.

Se introduce sinuosa, reptante como la serpiente de Eva con afán de confesión y arrepentimiento.

-No quiero seguir pecando -balbucean sus labios contritos.

Una vez dentro puede elegir. Los bancos son aparcamientos para los traseros católicos más esquivos del mundo. No hay siquiera ancianas, todas han muerto o han abrazado una fe que les alivia más el al…

LA NINFÓMANA DE LAS PALABRAS

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-Escriba guarrerías, porcadas, nauseabundos rollos que parezcan heridas sobre el espinazo de la moral social- el editor era un clamor de hombre, metido en su papel de vendedor de productos de letra impresa y encuadernados.

-No sé -dudó ella con timidez y arrobo de escritora virgen en el mundo editorial- No quiero hacer esas cosas, yo adoro las lecturas de las hermanas Bronte y Jane Austen, soy de la época victoriana, me gustan las chicas institutrices, la candidez y pureza de la juventud de antaño.

-¿No se ve usted capaz?- el editor la miraba ceñudo, perplejo ante el ejemplar de escritora dulce, romántica, trasnochada y desfasadilla que tenía delante- ¿Las hermanas Bronte, dice? Perdone, querida, pero me quedé en Bret Easton Ellis y American Pshyco, mi buen juicio no me permite sobrepasar esos límites, todo lo demás son antepasados de la palabra, a nadie le apetece comerse un filete crudo por mucho que a los de antes les encantara, ¿me sigue? Los gustos cambian. -Entonces...¿cree usted …

MARI Y EGEMEN

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El turco, de nombre semejante a un superhéroe desconocido en la esfera marvel, Egemen, sonrió certero ante su japonesita.

Mari, de nombre soprendentemente pero compresiblemente occidental, le remitió una mirada cuca de geisha tímida.

Ambos se achucharon con la mirada, fervor musulmán adorando a un ídolo de carne con antepasados samurais.

La colombiana terció entre ellos, los arrimó con dulzura, sonriendo como una latina corruptora.

-Pero tengo novio en Tokio, -se defendió la Mari ya al amparo de la mirada intensa del turco.

-No importa, los kilómetros y el mar te esconderán de la ira nipona- calmó la colombiana volcando cubos de complicidad entre la parejita.

Los dos, muertitos ya por la dicha de tenerse, juntaron sus ojos rasgados y moros. Después, por la noche, armaron jaleo en la habitación que la Mari compartía con la colombiana.

No importaba que estuviera ahí, testigo del enlace de carnes interracial, si no importaba la ira del novio nípón, mucho menos las quejas de los oidos ruborizado…

A LA SOMBRA DEL ARBOL DE LAS ESPERANZAS

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Cuando Godot finalmente apareció, Vladimiro y Estragón se lanzaron miradas de asombro y estupefacción. La espera terminaba, ese asunto al fin sería hablado, y Godot alargaría sus manos milagrosas hacia el problema y lo haría desaparecer (un zas de magia asomando sus dimensiones increíbles sobre lo que creían imposible de erradicar). Vladimiro entonó la primera frase.

-Oye Godot, ¿nos podrías dar trabajo? Hemos presentado nuestro currículum en cientos de empresas y todas tienen una cobertura absoluta, total y eterna de los empleos existentes. Si vieras nuestros pies... son llagas adheridas a los tobillos de tanto que hemos caminado, y los ojos...! Estragón ha perdido la visión del ojo izquierdo de tanto navegar en esas bolsas de trabajo abominables, tanta virtualidad nos ha llenado de virtuales esperanzas laborales, de ésas que...

-Ay, Godot -interrumpió Estragón fluctuando por la llanura en las que los tres se habían citado- Esos miserables nos han humillado desde esos mullidos sillones…