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Mostrando entradas de abril, 2007

LOS CONJURADOS NO RETUERCEN TUBOS DE ESCAPE

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IgnatiusReilly tenía su panza brincando bajo la camisa. Y los ojos, con una mirada resuelta a atrincherar con su cólera a cualquier individuo que osara decirle que los necios no andaban conjurados.
-Claro que lo andan-dijo, mientras la barriga seguía creando olas de grasa a cada paso que daba. (Neptuno repartía una tormenta por ese océano inmenso).
-Algunos se creen hasta literatos, escriben novelas y se llevan los planetas a su casa.
Ignatius seguía surcando las calles con la poesía de sus dientes tratando de diseccionar de un único mordisco una chuleta tan cruda que andaba en las lindes de lo vivo.
-Fíjate en esa-y Reilly aparcó los ojos en una chica algo musculada, que paseaba con nerviosismo de padre primerizo por el parque del pueblo.
Aquí Ignatius se puso difuso, ininteligible:
Esa pobre detesta a su jefe, y no hace nada. Sólo viene aquí y sigue trabajando.
-¿Y qué quieres qué haga, Ignatius? -le digo yo, que todo este tiempo he sido su paciente interlocutora.
-Pues que espabile. Retorc…

A.D.

Creo que voy a volver a las viejas costumbres, al camino único y verdadero: a la libreta delante, a los dedos empuñando la feroz arma de un bolígrafo, y las ideas a lo Heminghway cayendo sobre la "no Moleskine" de mi regazo.

Volveré al gimnasio, muchas veces, pero con menos frecuencia, porque ha estado bien estirarme como una atleta de la prosa, pero no es el camino, sólo hay uno, y es solitario, muy solitario, sin comments, sin visitas, y estadísticas.

Volveré a ser A.D., con suerte, para mí, sabréis algún día lo que esconden unas siglas.

LO QUE DIJO HEMINGWAY DE LOS VIAJEROS

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-Necesito viajar para encontrar las historias, los personajes. Si me quedo aquí, no hallaré nada decente para reencarnar en palabras.

El que habla es HarryStreet, un escritor acodado en la ventana cualquiera de un París vecino a una España que está a punto de abismarse en una guerra.

HarryStreet se define como exChicagoTribune ante los labios contorneados y la mirada lánguida y todopoderosa de su primer amor.

París es un café enorme donde encontrar placeres para el corazón es tan fácil como ser artista, todos intentan algo, se afanan en cumbres más altas que el Kilimanjaro.

El Kilimanjaroestá lejos, en la maltrecha África que es fecunda en guerras pequeñas, la montaña clava sus cumbres canosas de más de 5.900 metros de altitud. Cerca de la cima -diceHemingway- se encuentra el esqueleto seco y helado de un leopardo, y nadie ha podido explicar nunca qué buscaba el leopardo por aquellas alturas.

H. Street quiere viajar allí, quiere meterse en las faldas del Kilimanjaro, acercarse al masifica…

EXOTISMO

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Hoy me he visto los ojos. Esos dos meteoritos estrellados en el planeta de mi cabeza. Enseguida me he puesto las gafas porque temía que la gente de mi alrededor captara la radioactividad elevándose en nubes densas, y sabía que las miradas perplejas iban a nacer raudamente de esos ojos blancos y terráqueos, versioneados en varios colores que ningún usuario elige.

Me he puesto los lentes. Lo repito para aquellos que andaban ensimismados y no se han percatado del movimiento de mis dedos viajando certeros y sin amagos de temblequeos hasta mis orejas, donde el tren de aterrizaje (una patilla) ha caído y luego la otra se ha estirado sobre mi parabólica derecha.

Ya estoy listo para caminar sobre este mundo. Las gafas oscuras son una dura pared para el curioso que retrocede incordiado por el cristal que le vomita su impotente curiosidad.

He dado ciento quince pasos. He tenido que parar porque mis ojos estaban atragantados con tanto objeto nuevo, han tosido, y me ha tocado echarles un espray para…

TENGO UN PLAN

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Últimamente tengo las palabras más en venta que nunca. Las cotizo a la baja, de la peor y más rastrera forma. Antes me sentaba frente a mi libreta llena de renglones emocionados, no tenía trabajo, y aquello era una bendición que me lanzaban los señores amables del destino que me miraban y decían:

-Tú no puedes trabajar. Te aclaramos que no eres una holgazana, no eres una perezosa que abomina de los horarios laborales. Pero el camino, esta senda difusa de la vocación, si te alejas demasiado, puedes perderlo de vista para siempre. Ya sabes, en la densidad de esas hojas verdes, enclenques, e infectas que ruedan por las manos como Willys o PhileasFoggs.

A veces creo que no tengo voluntad, que la señorita voluntad enviudó de mí hace años y que, desde entonces, soy incapaz de afanarme en algo dotado de un principio, desarrollo, desenlace y final.

Paseo, y me meto en el disfraz de Lynnsinhill que es la única que demuestra un conciencia concienzuda que viene aquí a parir las historias que, de ot…

LA NIETA DEL SAMURAI

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Mari y Egemen hubieran formado un híbrido religioso y racial muy valioso para los paisajes del fondo de los mitines políticos. (Ya saben, esos decorados de gente feliz que endulza las imágenes, con sus sonrisas y juventud, de los "promete la luna" )
Ella era japonesa, y él turco. Pero no se dedicaban a eso, nada de ponerse detrás de nadie, ellos iban siempre delante con su inglés recién aprendido y sus garbeos bajo el sol de Carolina del Sur.
Egemen esperaba a Mari. Recogía su mochila porque los machismos a veces tienen esa vena caballerosa, y el hombro del hombre enseguida cede, mientras ella podía hablar con las manos libres, desenvueltas y blancas, inmunes al sol que arremetía intentando sembrar algo de moreno en su piel, pero era lista como un samurai y sabía de sobra que la inteligencia nos ha dado los protectores solares.
Marinoqueaba al turco con sus ojos de tira, a veces, cuando reía, quedaban como ranuras con un destello de fondo, y Egemen estaba seguro de que su japon…

EL PRIMER ESPECULADOR ERA POETA

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Recuerdo al político entrando, poco a poco, con la panza abriendo surcos entre la gente, y las pamplinas que le caían como a los césares los triunfos. En su programa electoral flotaba, como un maravilloso cabo de salvación, tres o cuarenta campos de golf.

Nos retrotraemos en el tiempo:

El primer especulador estaba sentado cómodamente en su Roma imperial, era un semidios y se llamaba Nerón.

Era un poeta, un versificador horrible, un cantautor atiborrado por su papá (Dios) de una mala voz, malísima. Pero él cantaba, estirando las cuerdas vocales hasta los confines de su imperio, con un arpa sobre la que limaba sus uñas de gato.

Nerón estaba en su potro de rey, en ese sillón, y entonces pensó en hacer una Roma nueva, blanca, y pura. Con arcos encadenándose, unos ecos infinitos de arcadas, casas lujosas establecidas en los viejos antros donde la chusma, ahora, degeneraba.

El hombre observó la maqueta de su nueva ciudad. Su barriga danzaba contenta bajo los pliegues de su túnica celestial, los…

BUSCANDO UN BUEN FINAL PARA LA PREPARACIÓN VITAL I

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Clotilde estaba grotesca. Una alimaña con los dientes desvencijados, el pelo polvoriento y soltando racimos de pelusa, iba acercándose gradualmente y poco a poco (si se hubiera aproximado rápidamente, los dos, B y C, hubieran huido como dos perros con los rabos pisoteados)

Clotilde bajaba, un escalón tras otro.

Basil intuía a su hermana, estaba dentro de aquel ser, toda su belleza guardada en el bolsillo de aquel terrible vestido.

-Clotilde, hermana, ¿Eres tú? ¿A qué bruja has visitado durante mi ausencia?

Basil se encaramaba al brazo de Casius. Primero lo tocó para encontrar varonil musculatura que le protegiera de aquel ser que iba dejando escalones tras de sí, y comiéndose la distancia que les separaba.

Los músculos de Casius le reconfortaron, pues eran sanos, gélidos, y voluptuosos imponiendo su formas bajo el gabán.

-¿Clotilde? -Casius siguió insistiendo, mientras Basil se cogía al mástil de su brazo -Esto no es un barco -dijo, dirigiéndose a B.- no te vas a hundir si me sueltas, y la…

LAS DOCE CAMPANADAS

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Tenían que sonar las doce campanadas para que la pesadilla terminase. ¿Dónde están las doce campanadas?

- Al final del contrato -responde una voz cuyo dueño es el mundo.

Imagínense qué sabio era entonces ese hilo de voz que se expande desde el núcleo de la tierra (pues replicaba nada más y nada menos que el mundo)Desde su propio núcleo, ese que una vez exploró Julio Verne con esos personajes incansables aferrados al lomo de las invenciones del francés.

Como decía, el tipo es incapaz de hablar, de defenderse y parece que la batalla la tiene ganada el que parlotea.

El hablante es un ser apoltronado en una butaca enorme para atender las necesidades de espacio de su trasero, mientras que para su cerebro habría hecho falta solamente unos milímetros de cráneo. Más (espacio) equivalía a un despilfarro de hueso.

Pero el tipo, el que calla y asiente, trincha a sus adversarios en el papel. Inserta las palabras como agujas precisas sobre los puntos más dolorosos, hace llorar a la carne con tanta pal…

EL OTRO FUEGO QUE PRENDIÓ MONTAG

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RayBradburypublicó por primera vez su Fahrenheit 451 en la revista PlayBoy, en 1954. No hubo otra forma de romper la fría pared del anonimato.
El día en que Bradbury ofreció los fornidos pechos, y esa espalda bravucona del bombero Montag a los editores de la revista, se encontró con la sorprendente respuesta del Sí.
Tal vez, Montag era un prototipo de hombre PlayBoy, un Indiana Jones de las llamas, un militante de una causa rara que pronto se desmoronó. Puede que Don Quijote inspirara a la masa gris de Bradbury a adentrarse por los caminos de la quema de libros, creando cordilleras con una floresta de páginas que poco a poco morían con las primeras caladas de un fuego cobarde.
El día en que Montag se vio rodeado de damas enarbolando pechos, y adoptando posturas de fémina sumisa, con los labios conteniendo diez mil insinuaciones de besos remitidos a todo el público de la revista, fue muy confuso para él.
Los hombres corrían las páginas, estrechando los ojos como lupas libidinosas, tratando…

LA ADVERTENCIA DEL LOCO

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La chica llega. La biblioteca crece hacia abajo, con sótanos refrigerados y libros del mil ochocientos no sé qué.

Los ascensores tienen un murmullo escandaloso, se abren y se cierran depositando lectores por la planta. Para verlos, hay que asomarse por arriba de los escritorios e intuir sus crestas peinadas, subiendo y bajando, como un mar ajetreado de cabellos y mochilas.

Luego, ella vuelve a sus estudios. La refrigeración marca un ritmo de animal que respira con dificultad.

La chica se acerca a las estanterías, toma uno de esos libros, esos testamentos de los genios; AliceinWonderland, una edición antigua, magullada por esos cien mil ojos que lo han leído rellenando con esa lectura sus tardes. Su portada es ya como un cuento, dentro de otro, porque evoca y es contemporánea a la infancia de sus bisabuelos.

Lo tiene que coger por el placer de tener un vis a vis con sus letras.

Después, Treasure island por donde se arrastran patas de palo, y corazones avaros y locos por la caricia indifere…

LA PREPARACIÓN VITAL XIV

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Nadie les miró sorprendido por la gesta que acababan de realizar.

Cantar y bailar es el pan nuestro de cada día en estas calles parisienses. Entonces los niños secundan la coreografía, los mendigos refuerzan los tonos bajos, las mujeres se remangan las faldas y ayudan al barítono protagonista a llegar a la luna del do sostenido.

Y como en esos musicales, tras la conclusión, Basil y Casius siguieron caminando como si nada: el mundo giraba y ellos se dirigían hacia la boca tremenda e insaciable del destino.

-¿Queda mucho?

-Ya estamos -contestaron las manos de Casius que se apremiaban a sacar la llave del bolsillo -En breve conocerá a mi hermana.

-Pero qué es lo que tengo que hacer... Usted me ha traído hasta aquí, y no me ha puesto al corriente de nada.

Basil miró bien a Casius, le pareció que el usted era un apelativo sin sentido para dos personas que habían cantado juntas acerca de sus pesares. Por eso quiso derribar la barrera tonta de los formalismos, pero primero, por supuesto, pidió per…

MIRANDO LA CATEDRAL DE FITZGERALD

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ScottFitzgerald estaba tendido en el suelo, los labios abiertos, blancos, y en el pecho ya no se oía el tumulto de su corazón.
Silencio, un mudo en el teatro de su vida.
Antes de eso estaba hablando de irse, de marcharse, Europa volvía a estar convulsa, con ese aspecto de mujer maltratada, y Scott soñaba con abrirse paso entre las columnas de los grandes periódicos norteamericanos.

Hablaría sobre la guerra, de los rudos amaneceres en la Europa de los ancestros de la UE. , donde la muerte acudía a inaugurar cien mil cementerios.

Luego podría volver a su patria, con la sangre recordando cada cara entrevista entre los fogonazos de la metralla, con los sentimientos vivos, deseando escribir sobre la guerra, sobre su vida, sobre sus personajes heridos por un mundo en paz.

Nadie puede ser ScottFitzgerald desde que murió, tampoco Miller, ni Kafka ni Cervantes.

Puedes coger sus sueños. Levantarlos en el aire y mirarlos como si fueran la cúpula de una gran catedral, y querer a los tuyos (tus sueños)…