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Mostrando entradas de diciembre, 2007

El ponche de los deseos

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La última entrada del año, y hoy, según Michael Ende, es el día del ponche de los deseos. La víspera prefecta para cocinar un ponche de ingredientes inverosímiles...

Yo hoy sólo quiero cocinar un remedio para esta garganta asediada por un virus incapaz de desatar un resfriado, pero, también, incapaz de largarse con sus dolores al tragar hacia otra pista o chimenea donde se celebre la Nochevieja. Porque... aquí no va a suceder nada de eso.

Aunque, estoy harta de decirlo y las entradas de abajo reproducen la idea: Estoy terminando mi novela. Aunque es difícil porque la decoración y el orden de los muebles, esos palabros que rellenan mi casa literaria, me obsesionan...

Da igual, a todos los Papá Noeles que caen por esta chimenea:

Feliz año, dicen que en 2008... sucederá.

La preparación vital (terminada)

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-Ay!, mis títulos. ¡Qué justos laureles bordean mi nombre!

El hombre, un tipo de unos treinta años, en edad de desposar una mujer y lucir, por tanto, un promontorio de oro en uno de sus dedos, siguió adorando la visión de sus certificados. Después encendió un cigarro, porque la contemplación es siempre más hermosa e interesante cuando una columna de humo alza su perfil fantasmagórico en el aire, mientras que el trasero fue a besar uno de los bordes de la mesa.

“Tengo dos diplomas, nada más y nada menos. Mi título de licenciatura, además de un máster en el extranjero. Dos comodines que me harán pasear por esta vida con seguridad y desparpajo”, pensó.

Siguió observando, encendió un tercer cigarro, y la habitación, pequeña y escasa, empezó a adquirir la atmósfera de un cementerio en pleno rodaje de película de serie B, pero el hombre permaneció contemplativo, arrugando los labios con cada calada y satisfecho de ser un césar de los títulos.

“Soy un tipo afortunado, preparado, armado con las …

El alfaguarero don Santiago Rocangliolo

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Una vez el alfaguarero Santiago Rocangliolo escribió una entrada nada sabia en su blog.

Recuerdo cuando el muchacho era una maqueta de escritor de la editorial susodicha. Debutaba en el Gran Mundo con su Pudor y su apellido había que ensayarlo un par de veces con la lengua para poder salir airosa de aquel trabalenguas peruano.

El Rocangliolo era un hotel Baliconstruido en la costa de Benidorm y eran necesarias las huestes de la mercadotecnia... y qué mejor que darle el dossier de prensa de su primer libro a los alumnos del máster de la Agencia Efe.

Pues bien, recuerdo su entrada, su nada sabio post, amnésico de sus comienzos, del primer paso por este mundo de letras...

Hablaba de un chico que se le había acercado con su primera novela, con sus mil folios de primera novela... quién sabe si era Joyce reencarnado en debutante, si era Cervantes con un escrito sobre la reencarnación del Quijote...

Daba igual. Don R. se puso gordo con su verbo irónico. Se creyó en el filo de la grandeza, y se pu…

SE ALZA EL TELÓN

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Le dije al señor WinstonSmithque le invitaba a mi casa, y él se ha paseado con su barriga expresidiaria (antes vivía en 1984, bajo la mirada refunfuñona del Gran Hermano) por mi novela.

Daba gusto verle entrechocando su mano novelesca con mis personajes a los que saludaba como un enterado de la vida que aconseja a los recién nacidos:

-Tú nunca digas esto o aquello. Deja que te adoren los lectores y a ti que te odien. Amaos mucho, y decid cosas que sintáis, no seáis aparentones, sed sinceros -decía el gran Smith mientras paseaba a su consorte Julia por los decorados de mi historia.

Después se han sentado en la platea, deseosos de que el telón se evaporara como por ensalmo de la lectura del primer capítulo.

Estoy entre las bambalinas, pasando lista al argumento, a la gramática, ortografía, personajes y suspense de mi novela, y si me asomo (si logro perforar con mi testa las cortinas rojas y doradas de este teatro imaginario) puedo ver al Gran Smith haciendo arrumacos a su Julia.

Ambos aguard…

A vueltas...

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A vueltas con los Universales periodísticos... y todo porque dejé al azar que decidiera por mí.

Nada más entrar en esa sala presuntuosa, con una mesa redonda (nunca creyó rel rey Arturo que su ocurrencia tuviera fines tan bajos), y el primer número del periódico enmarcado y rebosante (como una mala cerveza) de las firmas de los antecesores redactores, pues eso, nada más entrar, una ojeada a la llanura y pedí a mi vocación que no me abandonara. Ese ángel de la guarda tenía que estar sentado junto a mí, erguido y bien instruido en su silla para luego comenzar a brincar con su verbo irónico.

Gracias a Dios, el animalito se comportó y estuvo a mi lado, a pesar de mis veintiocho años sigue sin abandonarme, tiene fe en mí. Ambos dijimos que no y escapamos.

Gracias, vocación. Yo la tengo en ti. Espero que no nos defraudemos, el objetivo, según dicen otros ángeles, se halla en una enciclopedia de bolsillo.

EL UNIVERSAL PERIODÍSTICO

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Hoy he estado en la versión periodística de El Universal, el gran banco imaginado por Zola en su obra El dinero. Esta vez el señor FosterKaneno remoloneaba por ahí, haciendo el pánfilo y preguntando a los transeúntes si habían visto su dignidad (algunos dicen (YO) que la dignidad, cuando se pierde, es como un sombrero pisoteado por las muchedumbres).
Foster no estaba, y no sé qué hacía yo volviendo a atravesar el trance de oír la conferencia del imperio periodístico con su mensajero apasionado pero aburriéndome porque me agota el egocentrismo empresarial.
Por supuesto, el salario mísero y las horas tan abundantes como la arena de una playa.
Había que encontrar al gato encerrado y lo he hallado.
El gato ha salido a maullar y yo, como una heroína felina, he retornado a la sombra de mi árbol vocacional.
FosterKane está a punto de cumplir 25 años, sigue sin encontrar su sombrero y sé que nunca lo hará.

LA DES-HIBERNACIÓN

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Este puente, mientras algunos vuelan en sus alpargatas asfálticas, yo, señores, me dedicaré a refiniquitar la última corrección de mi novela. Ya ha reposado y es hora de que la lea con estos ojos claros y objetivos que el tiempo me ha dado.

A las ocho de la mañana, cuando me dirijo a recoger el correo de mi nuevo trabajo temporal que me proporciona el sabor de la economía de un país (pagarés, facturas, albaranes, clientes, bancos...), pienso en mi novela; atascada en la librería de mi cuarto, con sus letras roncando de pura hibernación literaria... pienso en ella, y en el registro de la propiedad de la mente, y en las editoriales, y en correos (de nuevo) y me visualizo a mí, enfundando la novela en un sobre y soportando la mirada funcionarial del tipo de Telégrafos... (Qué pensará de mí? ¿le pareceré una loca, una exótica?)

Da igual lo que piense ese señor, porque yo, señores, he dejado que la carretera de mi imaginación llegara a un sitio, y ese sitio es CSB.

Da placer tomar el sol en …