Entradas

Mostrando entradas de 2008

La verdadera historia de...

Imagen
Era tarde cuando K. llegó al castillo y saludó a la concurrencia que engullía cervezas. Los ojos apenas se desatoraron de la partida de cartas que se jugaba y K. presintió la mala educación.

Pidió su cena a una camarera de pechos con dimensiones de Kilimanjaro, cuyas cimas, adivinó K., no estaban nevadas, pero sí preparadas para la tarea de robustecer a algún bebé que aguardaba en casa al regreso de la madre.

Pero K. no estaba para escaladas, así que no le prestó mucha atención. Sólo quería su bendita comida, para apaciguar a un rugiente estómago. Tenía sueño y se le caían los párpados, pronto se le desprecintaron y captó las nieblas londinenses del plato que le traían.

Se dejó mecer por los aromas, comió, y desparramó sus carnes dormidas sobre la hiriente madera. Llevaba días viajando y el frío del exterior le había desintegrado las grasas.

Necesitaba dormir, dormir... Pronto despertó en medio de una novela de Kafka. Se maldijo a sí mismo por haberse dejado atrapar de esa manera tan to…

La posteridad con pastillas

El señorito Zola descendió un pie de la calesa. Su bigote necesitaba un suplemento de hierro y caía, mustio, sobre sus labios. Levantó los ojos y miró a su alrededor. Su bastón empezó a taconear sobre la acera de la rue...

El nombre "Emile" tiraba del carro de su apellido; es decir, "Emile" son los caballos y "Zola", el carruaje: Emile Zola. Así de sencillo... (Suena raro, pero esto es un blog que no atiende a cribas de editoriales).

Seguimos:
Nuestro Zola desfiló con su bastón. Estaba algo triste... porque su amigo H.G.Wells lo había paseado en su "coche"... (la máquina del tiempo) y lo había llevado a un sitio... Una vez allí, se había bajado del auto y caminado con Herbert hasta una cadena de librerías patrias. Ahí mismo su colega le había dicho:

–Por esto trabajas más de doce horas diarias...

Zola corroboró con cien mil miradas perplejas que la "Z" de las estanterías apenas le recordaba y que, de toda la urbanización literaria que habí…

Las partículas deprimentes

Imagen
La cara se colorea. Se vuelve de un rojo patriótico y los ojos... en los ojos, si los quitamos, tenemos dos túneles. Pero están ahí y, por ahora, no se piensan mover; su mirada es inamovible, no van a dejar de mirar... por lo menos esta noche.

Resulta que el sujeto está leyendo a un tal Houellebecq; de apellido chulo, rimbombante (de Rimbaud?) pero de estructura mental tan deprimente como un fin del mundo.

Ha pasado un par de noches con él en la cama, Houellebecq y él juntitos entre las sábanas a pesar de la heterosexualidad de ambos. Lo estuvo leyendo entre las 23:00 a 24:00 horas, como un somnífero de la fábrica Anagrama. Todas las noches la prosa simplona de H. le acuna con su contingente de labia marcado a veinte euros el signo de puntuación...

El lector lee, porque es lector y es la segunda intentona, no puede dar media vuelta; la retaguardia ya no existe para él. Avanti por los raíles de la novela...

Llega la cháchara de una tele con sus diatribas económicas (!!hay una crisis!!, por…

Sillas con oídos

Imagen
Enfrente un restaurante especializado en despachar calamares abrigados con pan.Una mayonesa les sirve de perfume. Las mesas, desmigándose por la calle al amparo de un acatarramiento de motores y una espina dorsal de humos, y dos mujeres en la cincuentena prodigándose mimitos verbales:

-Tienes que encontrar un hombre que te quiera.

La que habla alza la vista. Lleva una falda que la ciñe como las manos de un hombre, la envuelven en un abrazo floreado y alegre mientras su carmín besa vasos cilíndricos. En su interior habitan pequeñas Antártidas en deshielo por el cambio climático de julio. Creo ver a un oso polar emigrando hacia la extinción.

Su interlocutora calla y medita. Endereza su sonrisa de vez en cuando, pero está a punto de desertar de esos labios... puede que no vuelva nunca más.

"Bye, bye, sonrisa. Puede que te escribamos una canción".

-Esos hombres con los que te juntas son basura. No merecen la pena.

-Ya lo sé, pero dónde encuentro a los que valen la pena -se queja la d…

¿Alguien lo vio?

Imagen
Bueno... se rasca la voz, un carraspeo para afinarla.... Dentro de nada saldrá por la chimenea rumbo a las páginas eternas, hasta que el Técnico hacedor de la Internet disponga.
En fin... La rascada de voz se vuelve monumental, como de abuelo con pulmones fumadores. De hecho, el currículo de cajetillas a sus espaldas es abrumador: bruma tejida por todos esos cigarros... A su alrededor se pueden poner tumbas y cruces y ya tenemos otra Noche de los Muertos Vivientes. Humo, bruma, niebla... y falanges desnudas de piel truncando el sueño de un miedoso.
Pues bien, ahora se sacude el pelo. El mocho suelta pelusa, como si con ella se hubiera barrido el suelo de un castillo encantado.
Por fin, habla:
"Me llamo... Voc. Sí, ése es mi nombre. Y me apellido... Me apellido nada, de nada... Creo que nada se entiende. No sé quién me trajo hasta aquí... debió de ser alguien malvado. Me dijo que fumara y comiera, que viviera, que trabajara, que me casara y tuviera hijos, si tenía oportunidad, pero …

Don Tempus

Imagen
El niño abofeteó al señor tiempo pisoteando el reloj.

El tiempo quedó con la cara algo manchada, el óvalo facial descoyuntado, y su correa grabó las huellas de las suelas del chiquillo.

-Ah..., el tiempo siempre se deja maltratar por quienes no lo necesitan.

Bancos de terminal

Imagen
Los bancos se mueven para facilitar el camino a la comodidad. Alrededor se expanden los olores fabricados en serie por la americanfastfood. Cuesta reconocer al filete bajo ese edredón de salsas, patatas y verduras transgénicas, pero ahí está la comida y ese estómago a punto de recibir el primer balazo.

Yo me estiro, me pongo cómoda, a mi lado sonríe el futuro esposador, y los aviones arrancan en la pista, rápidos y estresados, como conejos de Alicia en el país de las maravillas.

El suelo enmoquetado de la terminal sirve de hangar de maniobras para los virus y bacterias que trapichean por el recinto, encantados con la costumbre americana de alfombrar la vida. Porque no hay forma de pisar mármol, parquet o manisas... todo huele a hogar, a moqueta pisoteada por huestes de soldados camino de Irak.

Pero es América y las sonrisas son más abundantes... Hay stock de simpatía y amabilidad siempre ejercitándose en las bocas de los americanos, cuyo lema es el "How are you?".

Es julio, …

¿Muere Campanilla?

Imagen
"Qué vergüenza", me dice uno de los personajes. "¿Cómo puedes andar tan ociosa sabiendo que hay tantos de nosotros pendientes de nacimiento, de que nos alumbres con tu pluma o tu teclado reproductor?".

Si es que se quejan con razón. Amonestan con la misma aureola de santidad que tienen los padres durante los primeros años de vida y sabes que les asiste muchísima razón cuando te dicen que no pongas los dedos en los enchufes. Pues esto es lo mismo: me están diciendo, más o menos, que me aleje de los enchufes.

"¿En qué te entretienes? Como sigas así nos buscaremos a otra, y ya me dirás que hace un autor sin personajes... Andas como un Titanic buscándose su hueco en el fondo del Atlántico Norte".

"Entras demasiado a esos sitios, a esas tinajas verbales de la Internet donde algunos noveles condecoran el lugar con: "voy a publicar mi primera novela y mi agente ya está moviendo el resto de mi obra". Que hagan lo que quieran esos coplistas del éxito d…

La herencia americana

Imagen
La chica entró. Paso rápido, pero trastabillado, como si sus pies fueran grapas infalibles. Pie y suelo unidos como dos folios. Pero se desasió. Tenía dos clientes. "Dos clientes", repitió para su cerebro que quería regodearse.
Pronto los tuvo en perspectiva. Eran dos extranjeros, y ella una guía turística que explicaba a los interesados ese pasado tan honroso. Qué contenta estaba! Su inglés se puso meteórico, imparable en cuanto los tuvo al alcance de la voz. Ya habían pagado su entrada y ella deseaba demostrar que los seis euros eran poco para la historia tan apabullante que allí se cotizaba.
-Primero visitaremos la casa de la familia X (invéntense el nombre más guiri que su mente pueda alumbrar). Él era profesor. Aquí recibía a los alumnos, cuando su hija cumplió los 18 se puso a ayudarle y, en esta mesa, vean el juego de té.
Los visitantes concedieron un par de miradas educadas en derredor. Pura cortesía del ojo que, en realidad, prefiere mirar los recios árboles del exteri…

Resurrección

Imagen
A los muertos, a veces, se les puede sacar de sus tumbas. Y no tienen por qué quedar con ese rostro pantanoso, luciendo los restos de una comilona de gusanos..., y es que pueden quedar bellos, vivos, charlatanes y de verbo vigoroso... como le pasará a este blog.

Ya lo estoy viendo: La edad kafkiana de Lynn se sacude de su manto de tierra, procedente de un yacimiento de nicho aparcado en un panteón, está algo sucia, ya sé, las palabras no se mueven con demasiada soltura. Pueden llegar a parecer un mazapán pasado, de las navidades pasadas... Pero huele más o menos bien, y el sabor promete ser kafkiano...

Cómo echaba de menos a este muerto. Que lo echara de menos constituye, ya de por sí, un motivo de resurrección.

Anda, Lázaro, vamos a andar ya, pues hay que espantar a las varices... Ya sabes, las carreteras por donde transita el sedentarismo o unos cuantos embarazos pasados por la barriga.

El disfraz de superhéroe

Imagen
Llevo tanto tiempo bajo el disfraz de batman (Lynnsinhill) que me cuesta ya firmar bajo mi nombre heredado.

Ayer, en la carpa de la Fnac, quise estampar un Lynnsinhill pero mi mano sólo pronunciaba unos torpes A.D. y, para colmo, yo me moría por escribir epitafios o versos de amor; algo útil para el lector, mucho mejor que unos "para x... con cariño de..., que lo disfrutes".

Ay, cómo envidio a los muertos de Perè Lachaise, nunca se enfrentaron al boato de su personalidad... Aunque yo, ayer, simplemente salí de turismo por la profesión de escritor, (a veces, se celebran viajes organizados para gente como yo) y ya he vuelto de mi incursión por esos lares exóticos bajo foco malicioso, y con micrófono que desdeñé porque ¿quién soy yo para que me escuchen multitudes?

La Lynn descansa en paz en su guetto virtual, con su disfraz de superhéroe, con su montaña al fondo... y sus sueños sin paripé de escritora.

¿...?

Imagen
El perro se puso a ladrar. Era de noche y su mancha blanca en el pecho flotaba como un fantasma aguerrido... El resto de su cuerpo, de un marrón atigrado, no se veía: como si alguien hubiera apagado las luces en la mansión canina, sólo la mancha blanca danzaba con su "wof, wof", a cuenta de un "uhh, uhhh" fantasmal.

Cuando el hombre se aproximó a su can, el tren empezaba a pasar. Todo su tinglado interior se revelaba gracias a las lamparitas de los pasajeros... ¿Crees que dormían? Maldormían. Cuando la chica se subió en la estación de Bruselas, ya eran más de la una de la madrugada, y las almas interrailistas desparramaban sus miembros cansados por los curtidos asientos.

No fue fácil encauzar los pasos por aquel pasillo mordisqueado por pies, brazos y cabezas inconscientes. Después un asiento frente a una pareja fue la cama que el azar inventó para la chica.

Pasaron horas de sueño y, tras el cristal, cerca de las siete de la mañana, comenzó París.

La advertencia del loco

Imagen
La chica llega. La biblioteca crece hacia abajo, con sótanos refrigerados y libros del mil ochocientos no sé qué.

Los ascensores tienen un murmullo escandaloso, se abren y se cierran depositando lectores por la planta. Para verlos, hay que asomarse por arriba de los escritorios e intuir sus crestas peinadas, subiendo y bajando, como un mar ajetreado de cabellos y mochilas.

Luego, ella vuelve a sus estudios. La refrigeración marca un ritmo de animal que respira con dificultad.

La chica se acerca a las estanterías, toma uno de esos libros, esos testamentos de los genios; AliceinWonderland, una edición antigua, magullada por esos cien mil ojos que lo han leído rellenando con esa lectura sus tardes. Su portada es ya como un cuento, dentro de otro, porque evoca y es contemporánea a la infancia de sus bisabuelos.

Lo tiene que coger por el placer de tener un vis a vis con sus letras.

Después, Treasure island por donde se arrastran patas de palo, y corazones avaros y locos por la caricia indifere…

"Tenemos que volver", dice V.Hugo

Imagen
-Tenemos que volver -dijo el primero de ellos. La cabeza, rebosante de sabiduría, esparció una mirada S.O.S por el hangar.

-El mundo nos necesita -volvió a decir con los ojos volcados en sus contemporáneos y extemporáneos-. Se están escribiendo cosas horribles ahí fuera.

En el hangar, el sonido de su voz trepó por las ventanillas y saltó al vacío. Un salto base, una especie de taconeo garboso y su lamentación corrió por los valles de la humanidad... (Así suena la garganta de un dios).

Tolstói se rascó la barbilla. Fue fácil porque hacía tiempo que la barba había cedido bajo el ímpetu de la maquinilla eléctrica... Su cutis estaba al raso, vivaqueando en el ático de su super-estructura vital, no había nada que proyectara sombra sobre la antaño superficie comida por la barba.

-Dices que nos necesitan..., que debemos volver para seguir escribiendo. -El genio dudaba de la solidez de los temores lanzados por Víctor Hugo-. No sé, dicen que ahora tienen a un tal Zafón... Vende muchos libros, la g…

Los abracadabras de Turguéniev

Imagen
La feria del libro. Oh, sí, qué placer para aquel que busca y quiere hallar...

Las casetas, blancas y asépticas como iglúes, contenían a esa savia de escritores del siglo XXI que clonaban su firma con la pericia de un científico. Sus manos abrazaban con virilidad al bolígrafo y hasta pasadas ocho horas no concluía aquel baile de huesos escribientes, primera página de ejemplar de novela y sonrisa blandida con tanta exageración que, al final, reventaban las comisuras de los labios. Ay, pero qué despilfarro de contoneo de muñeca...

Pero esta feria no interesa. Hay una más allá, bajo la falda de esta muchacha blancucha, y que se compone de auténticos machos de la literatura..., machos y damas. Y en ella sí que se hacen cosas útiles para el lector.

Allí el señor Huxleyrebate un par de párrafos a un colega raro que dedica bellos epitafios a sus admiradores. Ellos se aproximan a él, y el extraño escritor alumbra unas frases para ser leídas por el transeúnte del cementerio.

Así cinceladas en el…

El día en que Hemingway entendió lo que era la vida gracias a un androide

Imagen
Todos los móviles empezaron a brincar como ranas. Dios mío, ¿tanta gente había echado de menos, en esas milésimas de la vida, a aquel fragmento de humanidad sumergida?

Las manos empezaron a desenvainar móviles; todos ellos con sus pantallas atragantadas de letras... Tenían ansiedad por contar... y algunos daban sus pataditas de niño en gestación dentro de los bolsillos de sus padres...

Don Hemingway no era menos. El suyo era un sanote modelo puntero y, en su pantalla, una minúscula Torre Eiffel frotaba su esqueleto naranja con un cielo enfermizo y a punto de desplomarse en una lluvia.

Ernest se regocijó con la contemplación de la muchacha parisiense. Ahí mismo, una locuela de vestido naranja despatarrada sobre la superficie de la Cité.

Cuando el vagón de metro se encajonó en la siguiente parada, don Hemingway se acarició la plazuela de sus mejillas. Estaban tan rasuradas, tan llanas y sin atisbo de vello desmadejándose sobre su barbilla... que no quedaba más remedio que catalogarlas de pl…

El ángel constructor de mentes

Imagen
¿Me clausuro? Yo qué sé si me clausuro, o me reedito eternamente hasta llegar a conformar un bestseller agobiante, como ese Jueguecito del ángel que en cada esquina librera atisba con malicia al lector... y su cerebro... Ávido de Barcelonas... sin sombra de FreddieMercury, pero con mucha kingkoniana sombra zafonesca.

Hay un café en Los Ángeles a la vera de un Sena de palmeras, y un garaje con vistas a la Barcelona en unos felices años veinte...

Desde allí se vislumbra una biblioteca, un cementerio de papel sin reciclar... con un no sé qué halo de Hilton de los imperios apaisados, con aroma a recién impreso..., un cafetal de la editorial Planeta que emplea a los lectores como esclavos para erigir su reino.

Desde allí, se puede girar a la derecha, luego a la izquierda y luego gritar porque uno/a se ha perdido... y rezar porque venga la libertad a convertir al lector en un libre comprador de libros.

Ya lo dije una vez; los ladrillos de mi mente proceden de los libros, no quiero una colmena (…

El sol, la mujer y el pez

Imagen
El verano se descuelga del cielo, con la ayuda del sol que abre surcos de rayos ultravioleta solamente esquivables con factor de protección 50. Estar bajo él es como campar bajo una espada invisible que hace mella en el mismo rincón de tu piel, una y otra vez, es un rayo autista.
Pero, a pesar de todo, la señora tendió su cuerpo lánguido, y relamiéndose de sol, sobre las rocas.
Tenía ligeros terrenos ya negros como el chapapote; los pechos ya tenían la cubierta tiznada y la aureola había perdido la frescura de antaño para transformase en un dique oscuro y fantasmagórico.
La mujer se dio la vuelta. La manecilla del minutero también dio otra vuelta. Y el sol siguió quieto.
Pasaron las horas, y la señora se retiró con sus miembros oscurecidos y apaleados por el sol hacia su hogar de veraneo. Los ojos, que flotaban como islas blancas en su rostro, buscaron sus pertenencias diseminadas, y se las encaramó al hombro.
-Odio este mundo -dijo ella, tan sorprendentemente como si un esqueleto hablara…

El dragón duerme despierto

Imagen
El edificio era puro márketing visual: entrando por las retinas, adentrándose más allá de la córnea y, luego, torciendo a la derecha en busca de aparcamiento, justo al lado de la vocación.

Por supuesto, la vocación descansaba amodorrada. Era como el dragón de "El hobbit", cansado y con la guardia bajada porque estaba en su casa y ¿quién iba a robarle en su propia morada?

Acababa de escribir su primera novela y la vocación dormía angelicalmente.

Volvamos al edificio:

Dos plantas, unos veinte empleados y unas mascotas, como piezas de lego animadas, bautizadas como los Emositos, decían zarandajas al transeúnte.

Después la sujeta, la directora de estrategia:

Sonriente e interesada... con el lema de "mi curro me pone", y todo impregnado de colores vivos y chillones susurrándome vías de escape secretas:

"Por aquí", " por aquí".

Ah!! Demasiado tiempo sin escribir. He perdido la prosa y mi meta.

Las palabras se han rebelado desde que no las azoto con mi látigo …

El televisor y la Atlántida

Imagen
Una vez el Señor Horacio vio un documental:

Un equipo de científicos excavaba en la arena de una playa paradisiaca, con las palmeras frunciendo sus cinturitas, el agua delatando todo, mientras los miembros del grupo trataban de encontrar la entrada de una cueva que les daría la clave para encontrar la Atlántida.
El señor Horacio se maravilló, y la envidia encendió dos velas en sus ojos. Era un tarde de otoño con un sol mugriento entrando por la ventana, con un ruido de autovía pertrechada de hojalatas contaminantes y escandalosas. Todo eso componía la banda sonora del edificio, una música que no compuso JohnWilliamsy Vangelis, desde luego.
Tras esto, el señor Horacio se dirigió a la estantería, y se hizo con un atlas.

El atlas desplegó su pelambre de folios.
Horacio se fijó en el mar. En un hueco azul. "Sospechoso, muy sospechoso", consideró, mientras los dedos dudaban sobre su barbilla.
-Sí, sin duda, ahí está la Atlántida, la he encontrado -anunció, al tiempo que pintaba con …

LOS RESCOLDOS DE LA JUERGA

Imagen
Hubo un tiempo en que los corresponsales tenían las pintas de Ernest Hemingway. Eran cultos, inquietos, viajados y estudiosos de la complejidad del hombre. A veces, lucían barbas blancas, ojos espejeados de azul, y un habano insertado en los labios como el mejor refugio para la vida bohemia del junta palabras.

Muchos te contaban sus refriegas con la vida en escritos de sentimiento magistral como París era una fiesta, obra póstuma del escritor redactada en medio de una apabullante juventud, y la proa de la torre Eiffel guardando cama todos los días en ese lecho de nubes parisienses.

El señor Hemingway era corresponsal de los diarios norteamericanos, el primer freelancer de la historia, y convivía con su mágica mujer, su mágico hijo y el perro más mágico, si cabe, de su hijo.

Allí se codeaba con Gertrude Stein, se topaba en un callejeo con James Joyce, y otros escritores de prosa deslumbrante y estelar.

Entonces… cómo no iba a ser París una fiesta, ahora, si paseas por el cementerio de Perè…

I GUIONISTA DE CÓMIC

Porque los lenguajes son muchos... y la imaginación escapa del redil de mi cabeza... estoy escribiendo un guión de cómic.

Dentro de un mes (si todo anda a una velocidad constante y el viento que hincha mis velas no se detiene) estaré buscando un dibujante para colaborar en el proyecto y presentarlo a una editorial.

Poco más.

Wendy, cose!

Imagen
Tengo que arreglarme la denominación de origen, arreglármela y poner algo así como producto Zafón.

San Zafón, patrón de los bestsellers y verás cómo mi manuscrito, oriundo de una mente anónima (la que se esconde bajo el manto Sinhill) me brinda millones de vagones de metro Madrid repletos de lectores.

El santo en cuestión emplea en su próxima novela la técnica DarthVader, y habla de una precuela, una especie de inicio de los tiempos, nos remontamos al primer genoma de su historia...

Y el tipo presentó el manuscrito hace cuatro días, pero ya se sabe que habrá que hacer un millón de copias... y que se venderán como filetes en una carnicería instalada en pleno campo de concentración Nazi.

Repulsivo filete... ¿No podría haber dejado a la sombra diluirse en un sólo volumen?

Que venga Wendy y le cosa la maldita sombra a este imbécil.

Yo presenté mi manuscrito hace tres semanas y todavía no sé, siquiera, si tendré un ejemplar brillando en la estantería de mi retaguardia.

Lo dicho: Wendy, cose rápid…

De brillante porvenir

Imagen
Un día más, los insignes hijos descendieron del autobús del cole. Esos prohombres tenían ya el diccionario de la lengua inglesa en sus azoteas y sus sonrisas eran unos almohadones sonrosados... En sus ojos se adivinaba un porvenir de ricachón.

Dos Passos acababa de descubrir su novela al mundo. Su De brillante porvenir estaba ahí sentado (en la sección de novedades de la librería) donde muchos años más tarde se acomodaría DannyBrown liando la madeja bíblica y dando hijos bastardos hasta a Juan Bautista y Krsna (dicen que las clínicas de reproducción asistida tiemblan ante la imaginación de este hombre que es capaz de hacer que una piedra procree).

Dos Passos tenía su libro hermoso y lozano sobresaliendo como una temprana cana en una melena negro-massai, de entre los demás volúmenes.

Daba placer ver a los insignes hijos apostados a la vera de la sección de novedades hincando sus prometedores ojos en De Brillante porvenir:

-Papá, cómpramelo. Seguro que aquí se narra mi vida, se cuenta todo…

EL "worstseller"

Imagen
El tipo estaba asustado.

Miró hacia arriba y luego, por supuesto, su mirada trazó un "hacia abajo".

"¿Dónde estarán mis amigos?", se preguntó, mientras su cabeza se endomingaba con un sombrero achaparrado.

Decidió estirarse en la terraza del café como un Hemingway ocioso. El cigarro se puso a largar señales de humo a los circundantes, y su perfil quedó tragado por la masa de engulle-cafés.

Enseguida, advirtió a un tipo de camiseta negra y un "dos" de "soy dos veces tonto porque dos es más que uno", mirándole lelamente, con la sonrisa desencajándose desde esos labios atacados por una verborrea inútil:

-¿Qué quiere, caballlero? ¿No ve que estoy solo y tiemblo por culpa de esta soledad?

El tipo del "dos" desenhebró su sonrisa y se dispuso a defender su nómina:

-Vengo de un programa del futuro. Permítame, señor Joyce, que le entreviste. En mi época ya no hay escritores. Y yo presento un programa de libros, bueno que hace la corte a los bestselle…

Los colores de la convivencia

Imagen
Sigo sin saber si mi novela vale un haya muerta, si justifica su abatimiento a golpes de leñador...
Miento. Para mí, sí que lo vale:
Un bosque entero de hayas, aunque fuera el último bosque sobre la tierra; un pulmón de tocones reencarnados en millones de "mi novela"; un fin del mundo a lomos de un CO2 victorioso... porque no habría nada, nada para desintoxicar los cielos de su presencia.
Por culpa de mi novela, tendríamos que emigrar a otro planeta: todos seríamos inmigrantes y los extraterrestres nos harían firmar un contrato de respeto a sus costumbres, a su religión y su forma de vestir.
Y si son todos verdes; pues todos verdes, nos pintamos y se finiquitó la diferencia a golpe de titanlux.

La sangre de Nana

Imagen
Sigo en la brecha de leer un libro y luego desleerlo en una película. Aunque hay un libro que me apetece mucho desleer, se trata de Naná, de EMILE ZOLA, cuyo verbo fue encarnado en pantalla por el gran Jean Renoir.
Naná es una jovencilla de 18 años, de carnes desvergonzadas que desfila en los grandes teatros de París con los pechos “como lanzas” y sin rubor ante una platea que se muere de ganas de recibir sus más tiernos favores.
Leerla es una juerga de palabras, un azoramiento en las mejillas y conocer los raros caminos de supervivencia a los que se ve abocada una jovencilla que no quiere saber nada del trabajo duro, las espaldas dobladas, y el sudor en la frente.
Nana forma parte del ciclo de los Rougon-Macquart que escribió el autor para saber cómo la herencia de la sangre marca la vida de todos sus descencientes.
Señor Zola, el experimento funcionó. Nota: Entrada publicada en el blog Actualidad literatura en el que Lynn colaboró. Baúl de hijos que parí: La campana de madera La locura del …

Érase una vez...

Imagen
El bar evocaba una cancioncita típica. De esas que hubiera entonado el mismo H. Miller a pecho descubierto sobre algún reciente barco femenino asediado...

Un California dreaming susurrante a lomos de un bistec adulterado con mil salsas, y con un negro chapapote pintando benzopirenos.

Qué bonito tener 24 e ir paseando entre hábitas exóticos...

Aerosmith estaba a punto de entonar una de sus coplas americanas; un concierto que aguardaba tras el filetón y la hamburguesa patria... Fuera se esparcía un día de abril y el cielo te embobaba con sus azules mágicos.

Los meses se extendían raros e inciertos; con un postrero "no sé qué pasará" que te dejaba hermosa en tu butaca de rumiante.

Las tumbas de los ancestros se hundían lejos y los aviones descargaban a cientos como yo todos los días... Y los agentes de inmigración soltaban su verbo quejica...

El artista rupestre también escalaba

Imagen
Tengo los dolores, esa precisión de la aguja que se clava donde antes hubo tensión muscular; el acribillamiento es un souvenir de Albarracín y su paisaje cavernario (rocas, rocas para escalar sin cuerda... Tantas como estrellas en la vía láctea)

Y sólo preocuparse por engancharse a ella, sin que te repela, sólo el paso más allá de la nebulosa de preocupaciones. El personaje neandertal resucita en mí.

No hay literaturas, ni políticas, ni elecciones, ni problemas medioambientales... La pinada es un crescendo de agua verde. El cielo, una tela negra con cien mil agujeros resplandecientes...

Y el dolor, el dolor!! un vestigio de humanidad que todavía escala y siente como un artista rupestre.

En el Down Town de la metrópoli Lynnsinhill

Imagen
Hoy he escuchado una barbaridad, y digo escuchar porque, por desgracia, la he escuchado. Me ha llegado como una llamarada al downtown de mi alma, se me han indigestado las comidas pasadas, presentes y futuras. Ojalá me hubiera limitado a oír; ya saben, a dejar pasar el tráfico de palabras por mis oídos y ya está. Porque oír no es lo mismo que excuchar. Bye, seeyou nunca...

Sin embargo, las he escuchado. Los labios paternos, esos que todavía gastan sus ahorros en mantenerme con vida, lo han dicho:

'Si no te sale nada de periodista bien pagado... prueba de abogado'.

Sí, señores, porque yo tengo la maldita carrera pero no lo soy, ni quiero ejercer Y NO LO SERÉ.

El jueves voy al Registro de la Propiedad. Me he cansado de que me planifiquen. No soy un plano, no tracen líneas sobre mí; el callejero vital no va conmigo. Haré campo traviesa.