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Mostrando entradas de febrero, 2010

BLOGUZZ-9e34e9ad80

Requerimientos de Bloguzz me obligan a publicar esta entrada con semejante título. Aprovecho para saludar a la audiencia despistada que el azar desliza hasta este blog.

Sigo escribiendo, pero en el mundo real. En ése en el que tengo un cuerpo, un marido y un perro atigrado con ínfulas de oso hibernando. 

Sin novedad en el frente editorial, pero es que tengo el orgullo malherido y aguardo a que sanen mis heridas para volver al campo de batalla.

Bah, esta entrada tenía su razón de ser: bloguzz. Vuelvo a mi hospital a que las enfermeras inspiración y trabajo me sanen como a un Hemingway.

El Nueva York de la nonagenaria

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La ancianita se paseó por el avance de la nueva temporada. Estaba disimulando. En realidad, vigilaba a unos presuntos clientes que merodeaban por la zona de los vaqueros. Y es que la dama nonagenaria persistía en eso del contrato laboral; era como un resfriado agarrado a su nariz y nada, nada, podía curarla del moqueo de nóminas de todos los meses.


Es cierto que tenía noventa, y que sus ojos no estaban para los tubos reflectantes del centro comercial Macys, que, para colmo, había clientes "guiris", lo que añadía un plus de incomunicación a la tarea de la venta. Que ya no estaba al cabo de nada y menos de la moda.


Pues atendiendo ella, todos los clientes emergían del edificio como Scotts Fitzgeralds. Todos con sombrero encorsetando pensamientos, todos con bastón para teledirigir sus pasos hacia el dandismo, todos con mocasines para bailar claqué con Ginger.


A la señora se le adelantaba siempre un astuto dependiente. La juventud pescaba antes a la clientela y ella se quedaba esp…

Las partículas "suicidantes"

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La cara se colorea. Se vuelve de un rojo patriótico y los ojos... en los ojos, si los quitamos, tenemos dos túneles. Pero están ahí y, por ahora, no se piensan mover; su mirada es inamovible, no van a dejar de mirar... por lo menos esta noche.

Resulta que el sujeto está leyendo a un tal Houellebecq; de apellido chulo, rimbombante (de Rimbaud?) pero de estructura mental tan deprimente como un fin del mundo.

Ha pasado un par de noches con él en la cama, Houellebecq y él juntitos entre las sábanas a pesar de la heterosexualidad de ambos. Lo estuvo leyendo entre las 23:00 a 24:00 horas, como un somnífero de la fábrica Anagrama. Todas las noches la prosa simplona de H. le acuna con su contingente de labia marcado a veinte euros el signo de puntuación...

El lector lee, porque es lector y es la segunda intentona, no puede dar media vuelta; la retaguardia ya no existe para él. Avanti por los raíles de la novela...

Llega la cháchara de una tele con sus diatribas económicas (hay una crisis!!, por s…