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Mostrando entradas de mayo, 2018

Oteando incestos made in Jose María Eça de Queirós

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Cuesta mucho instaurar una paridad literaria en el Gobierno de mis lecturas... Mi manía de altenar con los clásicos, contraer el virus de su buena prosa y que me cuenten una historia recreándome Sintra o Lisboa (lo que toca ahora), me ha llevado hasta Eça de Queirós. ¿Qué se le va a hacer? Me apeé en Carmen de Burgos y he vuelto a las andadas viéndome con hombres por las noches e incluso a pleno día y ¡delante de mis hijos! ¡Y ya estoy rumiando una de Balzac! No tengo remedio. ¿Qué será lo próximo? ¿Otra vez Dostoievski...? Mientras no vuelva al marrano de Henry Miller... Ya tramo regresar al Tristam Shandy que tengo aplazado en la librería a falta de la entereza sufciciente para acometerlo. La última vez me abatió en el primer round con un gancho de su prosa pantanosa y con cien mil referencias de hace tres siglos.

Con José María, con Pepinho, voy alegremente leyendo, aunque con 'Los Maia' me vuelvo a dar de bruces con un incesto.

–Ya es la segunda vez que me cuentas algo pa…

La fiesta eterna

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El tipo paseaba con el pelo bien teñido por las callejuelas del cementerio. Estaba seguro que con aquel disfraz de juventud engañaría a la muerte. Así que paseaba tranquilo y sin temor a esos dolores que, de vez en cuando, se le declaraban en el cuerpo. Pequeños incendios que apagaba con una aspirina o un ibuprofeno eternizándose en el estómago.
También pensó que más que andar tenía que trotar como un veinteañero, de modo que le imprimó un brioso diapasón al asunto.
Las arrugas hacía tiempo que las tenía metidas en vereda ya que un planchado mensual con su experto en estética dejaba su cutis terso y listo para asombrar.
Así de regocijado por su aspecto, pensó que aquel skyline de cruces, panteones y esculturas funerarias jamás le tendría como miembro destacado de su comunidad. Pobre, no sabía lo que se estaba perdiendo porque allá abajo, aunque hacía tiempo que no quedaba en pie ni un brazo ni una pierna incorrupta, las juergas eran constantes.
Sí, las almas de los fallecidos viajaba…

Los Remedios desesperados de Hardy para tenerme en vela por las noches

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Antes escribir era simple. Me sentaba y enseguida venía el torrente. Yo me limitaba a poner los diques para que aquello no acabara anegando las casas vecinas.
Ahora es un goteo. No da ni para un vaso. No importa. Se me da bien la fontanería. Poco a poco progresaremos y alguien tendrá que gritarme eso de 'cierra el grifo'.

Mis noches las paso ahora con Hardy y sus 'Remedios desesperados'. Ya nos conocíamos de Tess. Ahora me desgrana una historia semejante donde el deseo y la obsesión sexual dirigen el cotarro argumental.

Ay, este Hardy. Reconozco que es un poco folletinesco, pero sabe de esto. Si fuera una adolecente me encantaría este Thomas Hardy más que el calimocho, pero nadie hizo las pertinentes presentaciones y llego tarde y mal a nuestra cita.
Esa manera de presentarme a una chica lista pero desvalida, sin fortuna y a merced de un tipo guapo, pero demasiado pasional. Ya no estoy para estos trotes, don Hardy, pero heme ahí varias noches ya apuntulando mi amodorr…