Los Remedios desesperados de Hardy para tenerme en vela por las noches

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Antes escribir era simple. Me sentaba y enseguida venía el torrente. Yo me limitaba a poner los diques para que aquello no acabara anegando las casas vecinas.
Ahora es un goteo. No da ni para un vaso. No importa. Se me da bien la fontanería. Poco a poco progresaremos y alguien tendrá que gritarme eso de 'cierra el grifo'.

Mis noches las paso ahora con Hardy y sus 'Remedios desesperados'. Ya nos conocíamos de Tess. Ahora me desgrana una historia semejante donde el deseo y la obsesión sexual dirigen el cotarro argumental.

Ay, este Hardy. Reconozco que es un poco folletinesco, pero sabe de esto. Si fuera una adolecente me encantaría este Thomas Hardy más que el calimocho, pero nadie hizo las pertinentes presentaciones y llego tarde y mal a nuestra cita.
Esa manera de presentarme a una chica lista pero desvalida, sin fortuna y a merced de un tipo guapo, pero demasiado pasional. Ya no estoy para estos trotes, don Hardy, pero heme ahí varias noches ya apuntulando mi amodorramiento nocturno con esta novela que es todo un prolegómeno de la que vendría después: Tess de Uberville.

Pero debo reconocerlo y es que nunca viene mal tener encuentros con Hardy, aunque sean esporádicos y la historia te parezca que son los mismos ingredientes de la anterior pero mezclados de forma diferente y siempre magistral.

Creo sinceremente que si Hardy hubiera vivido en los noventa, en plena efervescencia de los culebrones, hubiera consagrado su pluma a guionizar estas sobremesas sin fin. Le hubiera encantado medrar con su imaginación en un Dallas, Falcon Crest o una Pasión de Gavilanes, pero el destino lo plantó en pleno siglo XVIII y no le quedó más remedio que impartir prosa folletinesca desde los libros.

Eso sí, ¡menudo guionista hubieran tenido en nómina! A Hardy se le lee como se ve una película con ritmo en la sala de un cine. Ni te enteras de los minutos que pasan rápido, con prisa y los capítulos caen abatidos por una curiosidad que no es de este mundo.

Todavía ignoro cuáles son esos remedios, pero se intuyen muy 'Hardianos'.

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