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Mostrando entradas de 2020

'Arrójame a los lobos', de Ester León: cuando los tesoros se leen

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Hoy toca quitarse el sombrero, el cuero cabelludo o lo que se tenga ante la joven escritora que ha debutado con una primera novela que me ha tenido embelesada durante un fin de semana de ensimismamiento lector.  Me encanta extasiarme ante una prosa de esas que se pueden tildar de deslumbrantes, con unos personajes que te crees de cabo a rabo... y, por supuesto, un argumento que crece y crece como una onda expansiva hasta reventar las costuras de todo lo que creías que iba a pasar. Así es 'Arrójame a los lobos', de Ester León , una escritora muy joven que tiene la suerte de tener adosado a su nombre una de las más bellas ciudades de España. ¿Qué más se le puede pedir? Pues que sepa hilar con estilo, cultivar un sembrado de metáforas alucinantes y sofisticados giros argumentales en una novela que, sinceramente, me ha dejado patidifusa. Lo mejor es que Ester es muy joven, nació en 1996, y esta primera novela que 'arroja' al mundo, y a los lobos, es todo un desparpajo de

Mary Karr, una iluminada de la palabra

Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida de Ana Durá (@lynnsinhill) Yo recomiendo a todos aquellos escritores y aspirantes a ello a que cuando su prosa languidezca se tomen un rápido reconstituyente como los que fabrica Mary Karr . Se puede tomar cualquiera de las tres novelas de esta autora que pululan por las librerías pues el trío ( El club de los mentirosos, Iluminada o La Flor ) ha demostrado con creces que puede arrasar con cualquier amago mustio que comience a asomar por nuestras letras.  Pero who is Mary Karr? Pues la Karr, como la llaman con mucha campechanía sus editores en España (Periférica y Errata) es una mujer de armas tomar, texana y sexuagenaria que no dudó en batirse en duelo con sus adicciones . En concreto, el alcohol que parecieron inocularle en vena tanto su madre como su padre. Y es capaz de batirse y, por supuesto, salir airosa del trance a pesar de los pesares (que acudieron en tropel a lo largo de su juventud hast

La cartilla de Mafalda

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  Hoy homenajeo al gran Quino con una entrada que publiqué en su día y que rescato:   Vuelve a pasar y a repasar la calle con sus pasos. Después entra en el cajero. Le da la papilla a la máquina , bien masticada, abierta por la página correcta, y deseando saber si por fin ha cobrado.   – No hay anotaciones pendientes –enuncia ella en su reluciente barriga electrónica. De modo que sigue a cero, hueca, si tamborilea los dedos sobre ella puede oír su repicar de objeto vacío. Es el momento de la fe, de creer en la humanidad, de olvidar que existen aprovechados que no pagan el trabajo desempeñado. Ella decide creer, mete la cartilla en el bolso y callejea hasta las mismísimas puertas de la delegación de Dios en su ciudad: la iglesia. Se introduce sinuosa, reptante como la serpiente de Eva con afán de confesión y arrepentimiento. –No quiero seguir pecando –balbucean sus labios contritos. Una vez dentro, puede elegir. Los bancos son aparcamientos para los traseros católicos má

Sí, mi marido se viste de mujer, ¿qué le vamos a hacer?

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    Este blog es un auténtico vademecum de los problemas mundanos . Así, aquí entran muchos en su afán por mantenerse joven , otras tantas que quieren saber el motivo por el que su marido se viste de mujer de arriba abajo, y quienes acceden a este antro para averiguar –por fin– qué es eso de la preparación vital que les hará salir por la puerta grande de este mundo. Pero me temo que este es solo un blog algo añoso que poco o nada sabe de estas cuestiones. Por lo tanto, pido disculpas a todas esas personas que entraron a esta web buscando respuestas y se toparon con esta tomadura de pelo. Lo cierto es que llevo años asistiendo a este confesionario y husmeando entre las diatribas de la gente gracias a los chivatos de Google y su analíticas de Gran Hermano. Lo siento mucho, pero no tenéis intimidad. Buscadla, si acaso, en los bosques de Concord (a lo Walden), pero aquí ese Unicornio no es posible. Sí, porque de repente, me di de bruces con matrimonios donde los maridos se visten de

Lego mi ajuar de mascarillas

El teléfono había sufrido un percance. Se había dado de bruces con el suelo y se había despanzurrado. La batería se había ido por los cerros de Úbeda , parecía deseosa de tomarse unas vacaciones. Pero tras hurgar debajo del sofá, ya estaba de nuevo en su prisión acostumbrada y el móvil se encendió de nuevo. El calendario se había quedado alterado y ya no marcaba el año 2020, sino marzo de 2015 . No pude evitar regocijarme ante tal paraíso. Sentí nostalgia y suspiré como si estuviera observando una preciosa postal: ¡un año sin pandemia, sin mascarillas, sin fallecidos por COVID-19 y una completa normalidad en el mundo! Tuve añoranza por aquellos tiempos mozos, en los que el mundo estaba sano y su ciudadanía no se ocultaba el rostro como tuaregs del desierto. Suspiré. La visión de tanta lozanía planetaria duró poco, pues enseguida la mascarilla estuvo tapiando mi cara al mundo. Los ojos se sentían importantes. Nadie los eclipsaba y ellos –por fin– se habían ganado todo el protagonis

No estás en la lista

Muchas distopías están subiendo últimamente a escena. Una especie de apuntador las organiza para que hagan su entrada triunfal , sobre todo las que hablan de pandemias y apocalípsis víricos.  Algunas de las que pertenecen a ese género hace tiempo que abandonaron los estantes de las librerías dedicadas a las distopías y han ascendido a realidad apabullante . Los galones se los concedieron en China. Al resto del mundo nos ha tocado transigir. ¡Qué se le va a hacer!  Pero a Guillermo Baeza eso le importa un carajo y pasea con su boca a la intemperie , sin la tienda de campaña de la FPP2, ni siquiera la higiénica. Nada. Sus labios y nariz permanecen al raso aunque las miradas le atosigan. Nadie quiere decirlo, pero todas se mueren por endilgarle la mascarilla, pero no hay nada que hacer. Baeza no se enmienda y sortea el vendaval de miradas airadas con la convicción de los suididas. Sí, ha decidido morir y por eso le ha puesto la alfombra roja al bicho. Quiere que acceda a su morada, así

Orden de alejamiento

Hay que prodigarse más por aquí. Lo reconozco. El calor, la maternidad (de tres niños) y unos restos de trabajo como redactora freelance que todavía resisten a esta crisis me tienen en constante deserción literaria. Parece que hayan dictado para mí un a orden de alejamiento ... de la escritura. La he maltratado durante los últimos años y ahora ya no me dejan sentarme a su lado a soltarle piropos. Eso sí, veo que otros la homenajean con palabras bonitas. Sí, autores que se sientan día sí día también a escribir al dictado de las musas. Eso sí, la lectura progresa adecuadamente y puedo sentarme aquí hoy a enorgullecerme de los títulos que me han acompañado durante este infeliz (y pandémico) año 20. ' Testamento de Juventud' , de Vera Brittain con una pandemia de guerra que arrebata todo y se queda tan pancha. 'El secreto de East Lynne' , de Ellen Wood . Una de esas novelas escritas por una mujer contemporánea a Dickens y que vendió casi tanto como el prohombre d

'Casablanca sin Bogart', soon in your bookstore

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Vengo aquí, a esta plaza virtual, a declarar que de este año no pasa, que quien tenga curiosidad podrá leer mi primera novela publicada de la mano de la Editorial Titanium . Reconozco que 2020 es un año para estarse quieto , para no moverse ni un ápice, pero resulta que me toca publicar. ¡Cualquiera lo díría viendo cómo se las está gastando el presente año! Una buena noticia (para mí) en pleno caos pandémico. El caso es que en breve saltaré a los ruedos literarios con 'Casablanca sin Bogart' que, por fin, amanecerá en papel para unirse a la meritoria colección de esta editorial de Torrelavega cuyos títulos me estoy animando a leer en las últimos meses. El sello que ha confiado en el gracejo de mis personajes y la fuerza de mi argumento es pequeñita, pero matona y viene –como se suele decir– pisando fuerte. Aviso que se avecinan unos meses 'curvosos' para que en otoño esté lista para buscar su sitio en los escaparates de las librerías. La escribí hace más d

Al desdén con el desdén

Ya estoy bien entrada en años, en años literarios. Sí, así podría llamarlos. Me han abofeteado tantas veces las editoriales y algún concursillo con enjundia (o sin ella) que he desarrollado una coraza medieval que me queda francamente bien. Tanto guantazo facturado desde unas manos editoriales ya me deja bastante indiferente. Antes las tenía endiosadas y lloraba porque no me acariciaban, pero ellas preferían molerme a palos con su desdén. Tengo las esperanzas muy magulladas, pero me reestablezco y recorro mi camino ajena a sus desaires. Hace tiempo que hago esto por el placer que me procura hilar esta prosa, estas historias, este desahogo... Así que al desdén con el desdén.

Desarmado en la trinchera

–No venga más. No es seguro para usted. Pídale a una nieta que se ocupe de su compra. Sí, así la despachó la cajera del supermercado. Doña Concha ignoraba si se lo había dicho al menos con una sonrisa amable en el rostro pues la mascarilla le emborronaba la cara y la voz juvenil de la empleada tenía que lidiar con aquel incómodo invento higienizante. "Las sonrisas ya no tienen sentido. ¡Qué gran pérdida! Han sido las primeras en caer en esta guerra", pensó Concha mientras apretaba el paso asida al galante brazo de su marido. Caminó con ligereza e incluso con elegancia por la calle. Nadie hubiera dicho que la propietaria de aquellas piernas era una octogenaria. En cambio, su marido tuvo que detenerse puesto que las varices que le sobrevinieron a causa del largo encarcelamiento durante la Guerra Civil le abocaban a paseos pausados y disimulados ante los escaparates. Ahí se ensimismaba con el variopinto género sin hacer distingos. Televisores, medias, calcetines o una

Confinamiento

Niños; ruido, música, discusiones, juegos, risas, nostalgia, un poco de ira y otro tanto de histeria.

La metralla de Rayito

Debajo de la mesa había unas tricheras donde Rayito soltaba la metralla de su caca y de su pis . Era un perro de menos de un año , pero no había manera de que entendiera las nociones más básicas de eso que llaman compostura de animal doméstico , pues él era un salvaje, una fierecilla indomable que cagaba a los cuatro vientos a pesar de los paseos que su amo le endilgaba con la fe de que se animase a soltar lastre intestinal en un descampado. Sin embargo, no había forma. Él se obstinaba en su letrina casera , y volvía con la tarea pendiente, los deberes sin hacer y es la terraza de su ático donde se explayaba . Ahí las plantas permanecían a buen recaudo de sus mordiscos gracias a que el animalillo permanecía atado la mayor parte del día. Llegaba el mediodía y sobre el pavimento de la terraza descansaba el repertorio de la comida del día anterior tras una cita con el estómago y el intestino. Rayito era pequeño, pero cagaba como un tironosaurio rex al que le emparentaba una cac