Orden de alejamiento


Hay que prodigarse más por aquí. Lo reconozco. El calor, la maternidad (de tres niños) y unos restos de trabajo como redactora freelance que todavía resisten a esta crisis me tienen en constante deserción literaria. Parece que hayan dictado para mí una orden de alejamiento... de la escritura. La he maltratado durante los últimos años y ahora ya no me dejan sentarme a su lado a soltarle piropos.
Eso sí, veo que otros la homenajean con palabras bonitas. Sí, autores que se sientan día sí día también a escribir al dictado de las musas.

Eso sí, la lectura progresa adecuadamente y puedo sentarme aquí hoy a enorgullecerme de los títulos que me han acompañado durante este infeliz (y pandémico) año 20.
  • 'Testamento de Juventud', de Vera Brittain con una pandemia de guerra que arrebata todo y se queda tan pancha.
  • 'El secreto de East Lynne', de Ellen Wood. Una de esas novelas escritas por una mujer contemporánea a Dickens y que vendió casi tanto como el prohombre de las letras inglesas. 
  • 'Un guiso de lentejas', y de lo que quieras prepararme, Mary cholmondeley, yo me como todo lo que cocines con esa prosa magistral...
Y más, así hasta contar hasta diez.

Renonozco que durante los primeros meses me empeñé en imponer una paridad en mis lecturas. Más o menos lo he conseguido y me he llevado botines sorprendentes como las tres damas citadas cuya pluma fue de lo mejorcito de su época.

Pero ahora el dichoso Rayito tira de la cuerda en la terraza moviendo una de las sillas. Es de noche. Todos durmiendo y el minúsculo can quiebra el silencio con ese ruido inoportuno. Lo rompe, lo oigo gritar de dolor (al silencio) por culpa de esa silla de aluminio que se mueve sin ton ni son. La noche quiere a los durmientes como troncos y las sillas, quietas. Así que se queja por las heridas que deja la musiquilla de ese mueble que se mueve sobre su piel de estrellas y oscuridad.

Rayito exige su cojín, no soporta el roce frío de la baldosa aunque la noche se haya puesto tropical. Así que me toca arrimarle la almohada para que pegue de una vez los párpados y deje de darle la murga a la noche que solo quiere esa silla aparcada y con el sonido en off. 

Eso sí, mañana volveré. La orden de alejamiento está caducada y necesito que la levanten de una vez pues yo quiero regresar con mi amada para prometerle que –esta vez– no la volveré a maltratar con mi indiferencia. La faena de los hijos ya está medio hecha (al menos un pelín) y ella está más guapa que nunca.








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