'El desencanto' de Scott Fitzgerald que nos cuenta el bueno de Budd Shulberg

El desencantado de Shulberg

 

Intento escribir esto mientras sufro los constantes abordajes de mi hija de tres años reclamándome que le extraiga pegatinas de la dulce Peppa Pig de su cuaderno. Así que va a ser un tanto difícil dejar en un digno estado esta crítica hacia 'El desencantado' de Budd Shulberg. Pero armada de paciencia me pongo a ello sin dejar que el desánimo bombardee estas buenas intenciones.

Estos dos tipos, Budd y Scott, anduvieron juntos elaborando un guión de cine para Hollywood cuando el gran Fitzgerald vivía sus horas más bajas y Shulberg era un entusiasta recién llegado al gremio. El famoso escritor ya no alternaba en París con Hemingway, Zelda, Gertrude Stein y toda esa gran trupe de expartriados estadounidenses que se merendaron toda una década, la de los felices años 20 yendo de fiesta en fiesta y sin pisar el suelo de los días anodinos... Ese era su 'rama en rama' cuales ardillas que habitaron esta Hispania a punto de ser deforestada para construir los galeones de nuestra armada... Estos señores no se bajaban de las alturas y desde ahí saludaban ebrios de vida al resto de los mortales.

Según Arturo Pérez Reverte, esta obra de Shulberg es incapaz de coger polvo en los estantes de los lectores, pues es de esas que se releen constantemente, buscando nuevos recodos en su prosa y en sus personajes que a veces el radar de una primera lectura no detecta.

El señor Fizgerald, además, tuvo la suerte de tener un don literario reconocido precozmente gracias a su 'El Gran Gastby' y otras tantas como 'Suave es la noche' o 'Hermosos y malditos' que le sirvieron para forjarse fama, pero sobre todo dinero para sufragar sus andanzas de dandy fiestero y sediento de noches estrelladas a ritmo de copas de champaña apuradas hasta el último confín y rellenadas ad infinitum.

Reconozco que hace tiempo que no leo nada de Scott Fitzgerald. Lo tengo en el baúl de las lecturas de los años 20, de mis veintitantos y llevo mucho sin cobijarme en su feliz y nostálgica escritura que alumbra tipos encantadores y mujeres hermosas. Es muy probable que retorne a sus brazos, a ver qué me depara 'El último magnate'. Una novela que dejó inconclusa y cuyo final acaba en un ataque al corazón a su autor que nos deja con la miel en los labios y sin postre. Quizás nos quiso castigar Scott Fitzgerald a nosotros, los caprichosos e infantiles lectores...

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