'Bienalados', la ópera prima de Fátima Beltrán Curto que plantea un precioso paseo por el realismo mágico

 


 

Sondeando el catálogo de Libros Indie, por razones que no vienen al caso, me topé con 'Bienalados', de Fátima Beltran Curto que me saludaba desde una cubierta azul con una divertida oreja como protagonista indiscutible del diseño de portada.

¿A santo de qué una oreja? Pues ya se verá andando la novela que la elección está más que justificada.

Lo cierto es que pude degustar las primeras páginas y, sin duda, ahí me percaté de inmediato de que la tal Fátima tenía mucho que decir pues era dueña de una prosa de esas mágicas, con reminiscencias de un tal Gabo del que, sin duda, podemos declararla digna sucesora e incluso reencarnación si no fuera porque Fátima nació cuando Gabo todavía pateaba estos mundos atiborrándose de gloria y prestigio en cada libro que publicaba.

Lo que más me gustó de esta autora es su capacidad para deshilvanar una prosa repleta de metáforas y encanto estilístico que te hace sentarte ante el ágape de su historia con la sensación de estar ante un buen plato de caviar de Beluga o un arrós del senyoret (si os place más).

Para mí, la prosa lo es todo en una novela y Beltran Curto me ha servido ese todo. 

Poco a poco desgrana la historia de la dinastía de los Bienalados, prolífica en desamores, partos de hijas estupendas y prósperos negocios familiares. Los miembros de la saga padecen lo suyo y les cuesta hilar un final feliz para sus vidas.

El único 'pero' que le opongo a 'Bienalados' es su corrección ortotipográfica. Ahora que Beltran Curto ha brincado a las altas esferas editoriales con Espasa, sello con el que acaba de sacar 'Canción bajo el agua', quizás convendría que la rescataran de esta mejorable corrección y la reeditasen de nuevo. Ahí lo dejo, señores de Espasa. Pido una reunificación familiar y que ambos hermanos compartan vecindad tras abonar los derechos de explotación a quien corresponda... ¡Es una tamaña crueldad mantenerlos separados!

Me ha gustado tanto la trama urdida por esta autora y esa palabrería magistral que se gasta en cada una de sus páginas que, en breve, me adentraré en su segunda novela. Sí, primero he empezado conociendo al primogénito y, en cuanto me sea posible, me citaré bajo el mar con su segundo vástago para que me empalague con su moscatel.

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