Madres

La chica, rumbo ya de lo señoríos (pues tiene los 40 bien enseñoreados), camina hacia el colegio a recoger a sus hijos. Tiene tres, pero de esa pequeña muchedumbre de 10, 7 y 4, solo el mayor le preocupa.

La semana pasado hizo dos exámenes y al chico no se le dan bien. No es tonto, no, para nada. Pero se pone nervioso y se deprime ante una mala nota que es como un bofetón para su moral de infante de diez que todavía tiene que vigorizarse y crecer.

Así que la madre camina hasta la puerta del colegio. Primero recoge a la pequeña, que siempre sale feliz, porque a los cuatro años no hay sinsabores, no hay atropellos a la autoestima, no hay nervios, no hay exámenes ni momentos que nos ponen al borde del precipicio. Se trota por un prado felizmente con un guardián entre el centeno que impedirá que nos caigamos...

Pero cuando llega ante la puerta de primaria otea la figura de su hijo. Pronto la vislumbra. Intenta adivinar de qué talante sale, pero tiene poco terreno para jugar a las adivinanzas. Solo las pistas de unos ojos en un rastro de bandolero. Sí, la mascarilla. 

Observa esos ojos, esos andares poco alegres y desde lejos ya intuye el desenlace a la historia de los exámenes. Inspira y espira. 'Hay una psicóloga infantil dentro de ti', se dice. Pero no, no la hay, pero parece que una buena madre, dotada de paciencia infinita y comprensión legendaría sí. Ahí que vamos.


Comentarios

Ana ha dicho que…
También soy madre y sé de lo que hablas, mi hija tiene 14 años, la tremenda adolescencia y cada día es un reto. La paciencia y comprensión legendaria que dices, en mi caso es lo único que funciona, intento ponerme en su lugar pero me resulta imposible, solo aceptándola tal cual es y siendo muy sincera con ella, consigo que las cosas vayan más o menos bien.
Un abrazo.
Ana Durá Gómez ha dicho que…
Cierto, no queda otra. Pero hay hijos que con independencia de su edad suponen un mayor desafío que otros y mi hijo mayor es, sin duda, mi reto más especial. Gracias por pasarte y compartir tu experiencia. Un abrazo.

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